DESCUBRIR
×
Loading ...

Diez tipos de personas negativas que debes ignorar

Getty Images

Introducción

Estar bien es, muchas veces, una decisión personal. No obstante, el tipo de gente del que cada persona elige rodearse es también una parte vital de ese bienestar. Lillian Glass, experta en trastornos de la comunicación de la Universidad de Minnesota, asegura a la revista Muy Interesante: “Algunos tienen tan baja su autoestima y se sienten tan deprimidos que para subir su estado de ánimo son capaces de absorber la alegría de la gente que lo rodea”. Envidiosos, pesimistas, fabuladores, malos perdedores, falsos, codiciosos, chismosos, egocéntricos, interesados y controladores son algunos de los sujetos que se deben evitar.

Getty Images

Los envidiosos

La superación ajena les molesta. Cada logro del otro es para ellos una patada en la cabeza. Si pueden perjudicarlo, sin dudas lo harán. Su deseo para con los demás es siempre negativo. Se retuercen en sus propios éxitos y también en sus fracasos. Su infelicidad pretende ser contagiosa y, seguramente, el contacto con esta gente termina de una u otra manera afectando la dicha de quien se le acerque. Advertir a tiempo estas conductas y evitar relacionarse con ellos resulta en proteger los vínculos sanos y hasta la salud.

Getty Images

Los pesimistas

Todo está mal, la vida les pesa, el mundo conspira contra ellos, nada vale la pena. La carga negativa de este tipo de personas debe ser tan nociva como el ántrax. De un pequeño problema pueden hacer una tragedia. Lo que para algunos puede ser “una piedra en el camino”, para ellos es una cadena montañosa. No tienen la más mínima esperanza de un futuro mejor ni de una pronta solución a sus inconvenientes. Rodearse de gente así es como cargar con una mochila de una tonelada en la espalda.

Jupiterimages/Photos.com/Getty Images

Los fabuladores

Su creatividad no tiene límites, aunque el objetivo nunca es benévolo, una inventiva a prueba de balas a favor de la mentira. Exagerados hasta lo inimaginable, sus historias pueden incluir los más insólitos detalles. En su falso argumento pueden incluirse a sí mismos y a cuanto tercero quieran involucrar, sin importar las consecuencias que ello desate. El motivo de sus inventos siempre es el mismo, pero en el desarrollo de la cuestión nunca caen solos: arrasan con todo lo que esté a su alrededor para dar sentido a “su novela”.

Getty Images

Los malos perdedores

La competencia en sí misma no tiene nada de malo. Lo negativo, en cambio es ser mal perdedor. En su afán de progresar se llevan por delante a todo y a todos y, si fracasan, a su alrededor se desata una debacle. El triunfador se convierte automáticamente en su enemigo y la deslealtad funciona como la marca registrada de estos derrotados. Pueden violentarse y, si es necesario, empujar al contrincante al abismo o poner cualquier tipo de traba en su camino, ya que lo único importante para ellos es no frustrarse.

Getty Images

Los falsos

"Más falso que moneda con dos caras", sostiene el dicho. Por un lado dicen una cosa y, por el otro, todo lo contrario. Nunca se sabe cuál es su verdadera opinión. Es muy común que hablan mal de personas con quien luego puede vérselos relacionarse íntimamente. Además de poco recomendables, estos sujetos son peligrosos y confiar en ellos puede ser un grave error. Sólo se mueven según su propia conveniencia y es muy probable que ni bien alguien les dé la espalda aprovechen para clavarle un puñal. Es aconsejable mantenerlos lo más lejos posible.

Visage/Stockbyte/Getty Images

Los codiciosos

“Dinero” es su segundo nombre. Aspiran a la acumulación, el progreso económico desmedido y, obviamente, no importa lo que haya que hacer para lograrlo. Su único objetivo en la vida es obtener más bienes materiales. Los “detalles” más sentimentales no les interesan. Si tienen diez, quieren veinte, ya que por mucho que sea lo que obtienen nunca les alcanza. Dentro de personajes famosos, el “Señor Burns” de Los Simpsons puede ser un claro ejemplo: monetariamente, siempre aspira a más.

Konstantin Yolshin/iStock/Getty Images

Los chismosos

El chisme es su mayor inspiración y enterarse de lo que hacen los demás, su principal objetivo. Siempre están más pendientes de la vida del otro que de la suya. Otra característica importantes es que lo que no saben, lo inventan. Guardar un secreto les resulta imposible y es preferible publicar la información en un medio masivo de comunicación que contársela a ellos. Se regocijan en los problemas ajenos y disfrutan extasiados cada detalle que reciben de información acerca de otra persona.

Pixland/Pixland/Getty Images

Los egocéntricos

“Primero yo, segundo yo y tercero yo” es su oración de cada día. Codearse con un egocéntrico debe ser una de las tareas más difíciles de sobrellevar. Todo lo que les sea ajeno, carece de importancia. En su escala de valores, el bienestar personal es casi un mandato divino (y el único respetable). Pensar en el otro, les resulta una tarea imposible. Están tan centrados en sí mismos que su egoísmo no les permite ver más allá de sus narices. Probablemente ni siquiera se enteren de lo que sucede a su alrededor. Contar con ellos es un caso perdido desde el principio.

Getty Images

Los interesados

Para ellos, nada es gratis (nada de lo que hagan, por lo menos). Siempre esperan a cambio una recompensa. El buen acto por sí mismo, para ellos no existe, ya que luego aguardan la parte que les toca. En realidad, todo lo que hacen lo hacen por sí mismos. Cuando tienden una mano, la otra está a la espera de la devolución correspondiente. Actúan igual en cuestiones materiales que en temas espirituales. La generosidad no es su fuerte y se nota desde lejos.

Digital Vision./Digital Vision/Getty Images

Los controladores

“¿Dónde estabas?”, “¿qué hacías?”, “¿quién te acompañó?”: Una conversación con un controlador es casi una indagatoria policial. No quieren perderse de ningún detalle y, para averiguarlo pueden, incluso, recurrir a la violencia. Son acosadores, insistentes y desconfiados. Es muy probable que, aunque les respondan cada pregunta, sigan creyendo sus propias teorías y sospechando de la verdad. Revisan cada prenda de ropa, cada cajón de la casa, los mails, los teléfonos celulares y cuanto objeto íntimo tengan a su alcance. Al advertir este tipo de conductas, alejarse parece ser la decisión más saludable.