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Introducción
Si tienes un jardín del que te sientes orgulloso, sabrás que también tendrás un tipo especial de visitantes: los insectos. No todos ellos son adversos a tus plantas, ya que las lombrices de tierra la enriquecen, así como las mariquitas o catarinas mantienen a raya a algunas plagas. Pero existen otros insectos (y hongos) no tan halagüeños para tus plantas. Conoce a varias de las principales plagas que pueden afectar a tu jardín y cómo combatirlas.
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Hongos en los rosales
Éstos se observan cuando las hojas presentan bordes oscurecidos debido al hongo llamado "mancha negra del rosal", para el cual hay fungicidas especiales que se aplican en las rosas y las hojas. Para evitarlo, no mojes las hojas al regarlo y menos de noche. Revisa periódicamente el estado de las hojas, desechando las enfermas. En el otoño, retira las hojas muertas, ya que pueden contener esporas e infectar a tu rosal. Debe tener suficiente sol y el pH debe estar entre 5.5. y 6.5. No lo abones en exceso porque es contraproducente y pódalo cada año.
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Pulgones, esos dulces enemigos de las plantas
Se trata de áfidos de color verde, amarillo o negro, que pueden medir entre 1 y 4 mm y proliferan en la primavera. Las hormigas los cuidan y crían porque se alimentan de sus secreciones dulces. Pueden infectar a las rosas, pero también a las hortensias, los tulipanes y las adelfas. Si fertilizas en exceso habrá demasiados brotes tiernos y por ende, pulgones. Cuando riegues, hazlo con suficiente presión para desprenderlos y controla la población de hormigas. Un control natural es que también plantes salvia, romero y albahaca para tener los pulgones a raya.
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La casi invisible araña roja
Cuando notes en tus plantas hojas secas casi enroscadas y con manchones amarillentos, es muy probable que se trate de ácaros, también conocidos como arañas rojas. Son tan pequeñas que no son visibles a simple vista, sino con lupa. Suelen proliferar entre la primavera y el verano cuando hace más calor y aún no llegan las lluvias. La falta de abono, pero también el exceso de abono nitrogenado favorece esta plaga. Para evitarlas, riega de manera abundante sin mojar ni hojas ni flores y para combatirlas usa un acaricida cada 15 días.
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El caracol, ese voraz devorador de plantas
Pertenece a la familia Helicidae, existen unas 4000 especies y puede vivir más de una década. Se trata del caracol, un gasterópodo que literalmente acaba con una planta: raspa la epidermis de las hojas, así como de frutos, flores, brotes, ramas e incluso, partes subterráneas. Si notas en tus plantas perforaciones de bordes irregulares y un rastro mucoso característico, seguramente hay un caracol hambriento detrás. Prolifera en épocas de lluvia o mucha humedad y sombra. Para erradicarlo, hay químicos como el metaldehído, pero también opciones amigables como cercas de cobre o depredadores naturales: desde aves hasta reptiles.
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La temible oruga
Las orugas son alegremente coloridas, pero por desgracia suelen devorar con igual alegría las hojas de las plantas. Anteriormente se usaban piretroides, pero son altamente tóxicos. Una forma sencilla de combatirlas es que esparzas hojas de tabaco o incluso, que prepares una infusión con el contenido de cigarrillos, pero tiene la desventaja de que si no lo aplicas correctamente, puede ser tóxico para la planta. En este último caso usa un pulverizador y aplica sólo un poco. Y si te animas, otra manera más sencilla aún es retirarla directamente con los dedos.
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La mosca blanca, transmisora de enfermedades
Se trata de un insecto pequeño que puede estar al reverso de las hojas de las plantas y tiene la característica de que literalmente enferma a la planta al transmitirle un virus. Existen varias especies, dependiendo de la altitud de las plantas o cultivos. Si hay esta plaga en tu jardín, notarás hojas amarillentas y arrugadas, que no se desarrollan bien. En los viveros utilizan mallas especiales para evitar la entrada de este insecto, pero en tus plantas puedes utilizar insecticidas específicos. Si es un problema leve, con que uses un pulverizador que contenga agua con jabón, será suficiente.
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Cuidado con ciertas hormigas
Las hormigas negras en sí no constituyen un problema para tus plantas, pero sí cuando se alimentan de las excretas de los pulgones. En Latinoamérica hay una variedad de hormiga que puede arrasar con tu jardín, cortando todo el follaje para producir un hongo que es su alimento. Para combatirlas, usa polvo antihormigas que hay en las secciones de jardinería, así como venenos que se colocan en los hormigueros. Aplica cal o azufre en los troncos de los árboles. Y para un control biológico, planta lavanda, menta, tomillo o mejorana para repelerlas.
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Las cochinillas y sus efectos
El principal problema que pueden presentar en tu jardín, es que se adhieren a las plantas succionando su savia, a la vez que secretan una sustancia dulzona que además de atraer a las hormigas, da pie a la formación de hongos en las plantas. Una manera eficaz de combatirlas es macerando hojas de tabaco en un litro de agua y mezclándolo con una cucharada de jabón en polvo. Esta solución vuelve a diluirla en 4 litros de agua y aplica a las plantas con un pulverizador.
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Las míticas langostas
Se trata de una de las peores plagas que existen ya que llegan a, literalmente, arrasar cultivos. Aunque no representa un problema para las personas, debes saber que no distingue entre huertos y plantas de ornato y que se propaga en dirección del viento. Una forma natural de combatirla es que maceres 100 gramos de las semillas del árbol Paraíso o Melia con un litro de agua y lo dejes reposar por lo menos 8 horas. Filtra y aplica con un pulverizador por la mañana o por la tarde en toda la planta. Ten cuidado al hacerlo, porque es tóxico.
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Las temibles larvas de escarabajo
Este tipo de plagas no son visibles porque están bajo el suelo. Se alimentan de las raíces de las plantas y pueden ser una pesadilla para tu césped, que comenzará a tomar un color café, como si le faltara riego. Para saber si están en tu jardín, con una pala saca un poco de tierra: si hay un gusano blanco o gris de forma encorvada, tienes problemas. Para su control existen insecticidas como trichlorfon, bendiocarb o imidacloprid, aunque si prefieres un control biológico, adquiere el nemátodo Heterorhabditis bacteriophora para tenerlas a raya.
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