Comidas y utensilios coloniales

Escrito por julia margaret | Traducido por silvina ramos
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Comidas y utensilios coloniales
Puedes observar el funcionamiento de la cocina colonial en la colonial Williamsburg, en Virginia. (Medioimages/Photodisc/Photodisc/Getty Images)

Si disfrutas platos como la crema de almejas de New England, los porotos en salsa de tomate y la tarta de calabaza de Boston, puedes agradecerle a los colonos que se instalaron en Jamestown, Virginia, aproximadamente en 1607. Gran parte de los platos que consumes actualmente provienen de recetas traídas por los europeos a las colonias estadounidenses. Las recetas son las mismas, pero las mujeres de la época de la colonia no contaban con hornos microondas, cacerolas y ollas de diseñador o estufas elegantes y brillantes para cocinar.

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Preparación de comidas

En la época colonial, tanto hombres y mujeres cumplían un papel importante en poner la comida sobre la mesa. Los hombres cazaban, atrapaban y pescaban animales, mientras que las mujeres se encargaban de la ardua tarea de cocinar con pesadas ollas de hierro con patas en grandes chimeneas que también funcionaban como la calefacción del hogar. La mujer colonial se levantaba antes del amanecer para comenzar con la ardua y larga tarea de preparar la comida para la familia. Encendía el fuego para cocinar y templar la casa durante el invierno. Pero antes de que pudiera empezar a cocinar, tenía que salir a recoger agua, recolectar los vegetales, ordeñar la vaca, recolectar los huevos y colgar carne para que se seque. A los colonos les encantaban las tartas, tartaletas, pasteles y panes y algunas mujeres tenían la fortuna de tener su propio horno de ladrillo. Utilizaban una pala larga y plana de madera, denominada paleta, para colocar y retirar los elementos en el horno. Cuando el fuego se convertía en cenizas, la mujer utilizaba una pala de hierro o pala para chimenea para retirar las grandes piezas de madera.

Desayuno

Los primeros habitantes de las colonias estadounidenses, que vivían en puestos fronterizos o granjas, disfrutaban un desayuno con sidra o cerveza y crema de avena cocinada lentamente durante toda la noche. Los colonos que vivían en las ciudades también bebían sidra o cerveza, pero en vez de consumir crema de avena, comían papilla de harina de maíz y melaza. Hacia el siglo XIX, los colonos ricos disfrutaban del café, té o chocolate caliente en el desayuno, junto con mantequilla en obleas, magdalenas o tostadas. En el sur, los pobres comían pavo frío y bebían sidra. A medida que las familias prosperaron en las colonias centrales, las opciones para el desayuno se ampliaron.

Cena

Durante los siglos XVII y XVIII, las familias pudientes disfrutaban dos platos en la cena, la comida del mediodía. Usualmente estaban constituidos por diversas carnes con pastel de carne, pastel con carne oscura, tortitas, buñuelos y acompañamientos de salsas, pepinillos y salsa de tomate. Las sopas se servían antes o con el primer plato. Las familias disfrutaban, como segundo plato, postres de frutas frescas, cocidas o secas, natilla, tartas y golosinas. Los colonos pobres cenaban un cucharón de estofado en un plato trinchero. Los primeros platos trincheros no eran más que un trozo de pan duro. Estos eran consumidos o arrojados a los animales domésticos. El estofado usualmente tenía puerco, maíz dulce, repollo, u otros vegetales y raíces. Más adelante, los platos trincheros evolucionaron y se transformaron en platos de madera y, eventualmente de peltre, plata y porcelana.

Cena ligera

En el siglo XVIII, la cena ligera se servía tarde y estaba formada por los restos. Era una comida liviana y los colonos pudientes podían disfrutar de manjares con huevos o platos de huevos junto con las sobras. Tanto pobres como ricos bebían cerveza, cerveza inglesa de malta o sidra de manzana o durazno.

Utensilios de cocina

En el siglo XVIII, los utensilios de cocina y la chimenea sufrieron ciertas renovaciones. La chimenea poseía una barra trasera oscilante de hierro instalada en el mortero de la chimenea. La barra aliviaba el problema de regular el fuego. También protegía más al cocinero de los peligros del fuego. Alrededor de 1750, los nuevos hogares tenían los hornos para cocinar al costado de la chimenea en vez de adentro de ésta. La cocinera no tenía que acercarse demasiado al fuego para llegar al horno. También se presentaron avances en los utensilios de cocina que utilizaba la mujer colonial. La mujer colonial moderna tenía dos juegos de morillos, varias palas para cenizas, un hervidor de agua, un horno reflector de estaño, brochetas, sartenes, parrillas, paletas, ganchos para cacerolas, llares, espumaderas, asador de pie, gofrera y una tostadora giratoria.

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