Desarrollo del sistema inmune en los niños

Escrito por kate wharmby seldman | Traducido por luisa fernanda villegas
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Desarrollo del sistema inmune en los niños
Vacunas. (medical syringe and ampoule on a white background. image by Petr Gnuskin from Fotolia.com)

El sistema inmune comienza a desarrollarse antes de que un niño nazca. Una combinación de resistencia innata a ciertas enfermedades, de los anticuerpos maternos adquiridos y de la exposición activa a gérmenes, ayuda a desarrollar el sistema inmune del niño a medida que crece hasta llegar a ser adulto. Las vacunas pueden protegerlo contra las enfermedades que pudieran perjudicar su desarrollo en caso de contraerlas, al no ser lo suficientemente fuerte como para luchar por su cuenta. El esquema de vacunación infantil ha estado bajo escrutinio recientemente por su posible conexión con el autismo.

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El sistema inmune varía de persona a persona, ya que algunas son más fuertes y otras más débiles. Este sistema protege al cuerpo de enfermedades e infecciones, encargándose de atacar a los gérmenes peligrosos que penetran en el cuerpo y luchando contra ellos. A esto se denomina respuesta inmune y existen tres tipos de respuestas: innata, adaptativa y pasiva.

Todos nacemos con una inmunidad innata o natural ante ciertas enfermedades. Por ejemplo, podemos contagiarnos de ciertas enfermedades que padecen los animales. Nuestra piel y membranas mucosas, como las que se encuentran en nuestras narices, bocas e intestinos también forman parte de nuestro sistema inmune natural, ya que son barreras que custodian al cuerpo contra infecciones.

La inmunidad activa o adaptativa se desarrolla a medida que crecemos. Entre más edad tengamos, nos volvemos inmunes a una mayor cantidad de gérmenes al haber estado expuestos a ellos. También podemos inmunizarnos contra las enfermedades a través de vacunas con antígenos.

La inmunidad pasiva proviene de una fuente diferente; por ejemplo, un niño recibe anticuerpos a través de la leche materna. La inmunidad pasiva no dura mucho. Podemos recibir lo que se llama inoculación "pasiva" si ya hemos sido infectados con una enfermedad en particular o expuestos a ella. Este tipo de inoculación nos ayudará a combatir la enfermedad que ya tenemos, en vez de prevenirnos de contagiarnos en primer lugar. Por lo general se hace con un suero que contiene anticuerpos de personas (con frecuencia gamma globulina), o de animales inmunes.

El sistema inmune en los niños

El sistema inmune comienza a desarrollarse a partir de las células madre cuando el embrión tiene alrededor de cinco semanas. Cuando un bebé nace, su sistema inmune es estimulado por los nuevos gérmenes a los que se está expuesto y comienza a producir anticuerpos aproximadamente seis días después de su nacimiento. El recién nacido es temporalmente inmune a algunas enfermedades gracias a que su madre le ha transmitido inmunidad pasiva mientras estuvo en el útero. Si el niño toma leche materna, también recibe anticuerpos a través de esta. Este tipo de inmunidad pasiva, llamada inmunidad materna, irá disminuyendo lentamente alrededor de los seis u ocho meses. Su propio sistema inmune se irá fortaleciendo y cuando tenga un año de edad, contará ya con una inmunidad a nivel de adulto para algunas enfermedades. Sin embargo, el niño estará constantemente expuesto a nuevos gérmenes. Si los gérmenes de un resfriado están en el ambiente, el sistema inmune de un adulto puede haber aprendido cómo combatirlo, mientras que el mismo resfriado podría tener a un bebé resoplando y estornudando al ser la primera vez que se encuentra con este germen.

Vacunas

Las vacunas funcionan introduciendo antígenos dentro del cuerpo del niño sin enfermarlo. Los linfocitos B del cuerpo, que son las células de la médula ósea que protegen el cuerpo contra las enfermedades, producen anticuerpos que se adhieren a los antígenos e impiden que causen daño. Estos anticuerpos permanecen en el cuerpo de manera que si el niño entra en contacto de nuevo con esos antígenos en particular, los anticuerpos están listos para desactivarlos.

Esquemas de vacunación y controversia

Tradicionalmente, a un niño se le aplican una serie de vacunas a intervalos regulares después de nacer, que incluyen hepatitis B, una combinación de difteria/tétano/tosferina, polio, rotavirus y una combinación de sarampión/paperas/rubéola. Estas inyecciones de inmunización ayudan a proteger a un bebé o un niño de contraer enfermedades que pueden ser demasiado fuertes para que un sistema inmune inmaduro pueda evitarlas, y que si enferma, puedan afectar negativamente su crecimiento y desarrollo. También protegen a la sociedad, ya que entre más niños estén vacunados contra la enfermedad, menos probabilidades hay de que la enfermedad entre a una comunidad y afecte a los niños que no han sido vacunados.

Algunos padres eligen no vacunar a sus hijos debido a preocupaciones acerca del conservante usado en las vacunas de sarampión/paperas/rubéola, que ha sido anecdóticamente relacionado con el autismo.

Problemas del sistema inmune

Un niño puede nacer con un trastorno inmunológico o contraerlo después de su nacimiento. Los trastornos inmunológicos genéticos se presentan en muchas formas y dimensiones. En general, se denominan enfermedades inmunodeficientes primarias (PIDD, por sus siglas en inglés) y son hereditarias. Se manifiestan a través de enfermedades frecuentes y recurrentes como por ejemplo, el que una persona padezca ocho o más infecciones del oído en un año. Son tratables, pero entre más rápido se identifiquen, será mejor para el desarrollo del niño. Los tratamientos incluyen aplicaciones intensivas de antibióticos, drogas antivirales, reemplazo de anticuerpos e incluso trasplantes de médula ósea.

Los trastornos autoinmunes ocurren cuando el cuerpo ataca su propio tejido, creyendo que es un invasor extraño. Los más comunes en los niños incluyen fiebre reumática (una enfermedad que puede dañar las válvulas cardíacas), artritis juvenil, artritis psoriásica (una enfermedad inflamatoria articular que sufren los niños que también tienen una enfermedad en la piel llamada psoriasis) y esclerodermia (el endurecimiento de la piel y las membranas mucosas). Cada desorden tiene un tratamiento diferente.

Los trastornos inmunológicos adquiridos incluyen al VIH. Un niño puede contraer VIH a través de una transfusión de sangre o por parte de su madre si ella es VIH positivo, ya sea en el útero, durante el parto o en la lactancia. Un niño VIH positivo puede ser tratado con medicamentos antiretrovirales, pero puede tener retraso en alcanzar logros como aprender a gatear, caminar y hablar.

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