Descubrimiento de criaturas extrañas

Escrito por ho-diep dinh | Traducido por carolina dellagiovanna
Descubrimiento de criaturas extrañas

Los mares frecuentemente albergan a las criaturas más extrañas del mundo animal.

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Existen en la Tierra numerosas criaturas que escapan al reino de tu imaginación, a veces desafiando las leyes de la lógica y de la ciencia. Recientes descubrimientos desentrañan que debajo de la superficie del mar o a mucha profundidad en las selvas tropicales se han escondido seres que parecen arrancados de una novela de ciencia ficción, desechados del laboratorio de un científico loco o transportados desde la antología de mitos del mundo. Algunos organismos parecen ser ensambles de partes de otros organismos existentes, posibles hipos de la Madre Naturaleza. Estas criaturas seguramente se posicionan en el ranking entre el Monstruo del Lago Ness, el temible Yeti o el legendario Pie Grande, en términos de rareza. La evolución, de alguna manera, ha formado estas criaturas perfectamente para amoldarse a sus contextos y modos de vida únicos, a pesar de su curiosa apariencia o aparente incompatibilidad con la vida.

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Pez caimán

Visto de la cabeza en adelante, el pez caimán parece cualquier otra especie de caimán; sin embargo, este extraño espécimen pertenece a la clase de los peces, sin tener relación cercana con los cocodrilos. Irónicamente, los caimanes constituyen una fuente de alimentos para este pez. Esta criatura caza usando técnicas de emboscada, devorando rápidamente crustáceos, peces, reptiles, mamíferos y especies de pájaros que desafortunadamente se cruzan en su camino. Su rasgo más distintivo, una mandíbula prominente, alberga dos filas de filosos y formidables dientes adaptados para aferrar y perforar a sus presas. Los peces caimán crecen hasta 2 metros de longitud y pesan cerca de 45 kilogramos. Solo siete especies de peces caimán existen todavía en la Tierra, relegadas principalmente a los cálidos ríos del Golfo de México.

Elysia Chlorotica

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Una cierta babosa de mar, la clysia chlorotica se ve como si estuviera llevando una hoja sobre su espalda. Refleja una unión, tanto en forma como en función, entre el reino animal y el vegetal. Estos especímenes consumen un tipo específico de algas, incorporando cloroplastos que acribillan los interiores de las células de las plantas y convierten la luz, el dióxido de carbono y el agua en fuentes de energía. El ADN de la babosa de mar incluye genes específicos que la habilitan para usar los cloroplastos independientemente de la célula de alga original. Si se las alimentara con algas durante dos semanas, las babosas no necesitarían comer por el resto de sus vidas, que dura un año.

Dragón de mar foliado

El dragón de mar foliado, otro animal que se parece a una planta, asecha entre las algas marrones de las costas de Australia. Pariente del caballo de mar, el dragón de mar foliado crece hasta una longitud de unos 30 cm; sin embargo, a diferencia del caballo de mar común, que se mueve de forma vertical a través del agua, el dragón marino nada torpemente de forma horizontal. Puede que los exploradores marinos ni siquiera noten la presencia de este animal a causa de las extensiones parecidas a hojas que cubren su cuerpo. Una armadura consistente en placas y protuberancias espinosas desalienta a los predadores marinos de alimentarse del dragón marino. Los gobiernos australianos locales buscan evitar que aquellos que desean embellecer sus acuarios con formas de vida estrafalarias recolecten estas criaturas.

Okapi

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Un excelente ejemplo de los aspectos contrariados de la naturaleza, el okapi ofrece a quienes van al zoológico un vistazo a lo que la Madre Naturaleza concibió como una pequeña broma. Primo de la jirafa y de la cebra, el okapi parece una suerte de especie ecuestre, una mezcla de cebra y caballo. Un pelaje impermeable, suave y oscuro que envuelve la mitad frontal de esta criatura evita que la lluvia penetre en su piel. Las rayas de tipo cebra en la mitad trasera lo camuflan a medias en las zonas parcialmente soleadas y parcialmente oscuras de las selvas tropicales en el corazón de África. Los okapis comen normalmente unos 20 kg de plantas al día, arrancándolas con sus largas y ásperas lenguas. Tienen un agudo sentido para detectar la presencia de otras especies, rastreando restos de sustancias pegajosas en las pisadas de aquellos que han pasado previamente, o el olor de orina rociado por los machos.

Calamar cerdo

El calamar cerdo se parece a un cerdo acuático en miniatura, incluso en el tono rosado de su piel. Los más jóvenes parecen blancos o translúcidos, mientras que los adultos o aquellos que viven en aguas más profundas poseen complexiones rosadas. El cuerpo hinchado y el aparente hocico contribuyen a que el calamar se parezca a los porcinos. Un grupo de tentáculos adornan la cabeza sobre el hocico, mientras que unos ojos caricaturezcos miran desde el frente de la cabeza del animal. Existen tres especies conocidas, aunque algunos zoólogos sugieren que tantas como 11 especies de hekicocranchia habitan las aguas tropicales y subtropicales del mundo.

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