Estándares de belleza femenina del siglo XVII

Escrito por jeffrey norman | Traducido por eduardo moguel
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Estándares de belleza femenina del siglo XVII
Los rostros blancos fueron la sensación en el siglo XVII. (Thinkstock/Comstock/Getty Images)

La sociedad del siglo XVII, como la actual, tenía sus idiosincrasia sobre las características de la belleza femenina. La realeza, como en muchas otras eras, ayudaba a determinar el estilo del período. Los artistas también capturaban el sentido del glamour durante esta era. Los ciudadanos modernos pueden apreciar, uoaborrecer, algunas de las opiniones del siglo XVII sobre la belleza femenina.

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Modo

La novia del Rey Carlos I, Enriqueta María, fue una mujer influencia que marco tendencias en el siglo XVII. Nacida en Francia, María prefería colores como durazno, gris olivo y naranja sobre otros tonos. Sus cortesanas siguieron su estilo. Los brocados de seda y ribetes de encaje ayudaron a los ricos a seguir el estilo de María. Los corsés, eran más suaves que en otras eras y enfatizaban la cintura. Los corpiños también surgieron en este siglo y de hecho fueron preferidos a los corsé hasta 1670.

Maquillaje

La complexión pálida estuvo en boga durante este período. Fue personificada por el brillo vainilla de alguien lo bastante rico como para evitar el trabajo en exteriores. Las mujeres y los hombres usaban cremas y polvos para conseguir una apariencia pálida. El polvo de la tiza blanca o del plomo, combinado con huevo y vinagre, era considerada la mezcla ideal para el maquillaje. Como rubor se aplicaba polvo rojo cereza sobre las mejillas. La fórmula no era adecuada para la piel y podía causar manchas. Los parches faciales para ocultar las manchas también se hicieron norma.

Estilo rubenesco

Pedro Pablo Rubens glorificó la figura femenina regordeta en sus obras. El artista dibujó mujeres bien proporcionadas con amplios pechos y caderas, que eran consideradas símbolos de fertilidad y estimulantes del deseo sexual. Para enfatizar las formas redondeadas, las mujeres usaban corpiños ajustados que revelaban parte del escote. Los cuerpos magros y nervosos eran considerados demasiado delgados; las proporciones redondas y regordetas eran consideras superiores. Sin embargo, el exceso de grasa y de piel tampoco eran bien vistos.

Higiene

El miedo de entrar al agua influenció los estándares de higiene de la época. Las ropas no eran lavadas. De hecho, marcas de tierra alrededor de los cuellos eran considerados signos de la habilidad de la prenda para quitar la suciedad de la piel. En las mujeres, el perfume resultó muy popular. Empaparse de fragancias les ayudaba a protegerse del hedor de los demás. Madame de Montespan rociaba bandas de perfume para ahogar el olor de su amante, Luis XIV.

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