Cómo evitar el virus de la roséola

Escrito por john lindell | Traducido por maria eugenia gonzalez
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Cómo evitar el virus de la roséola
El virus de la roséola ataca a bebés y niños pequeños. (Comstock/Comstock/Getty Images)

El virus de la roséola es una cepa del virus del herpes que puede precipitar fiebre en los bebés y niños pequeños que a menudo es seguido por una erupción. La roséola normalmente no afecta a un adulto pero es extremadamente común en niños entre los seis meses y tres años. Según la Clínica Mayo, no hay vacuna para la roséola, así que prevenirla significa conocer sus síntomas y mantener alejada de ella a los niños y adultos que todavía no la han tenido.

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Instrucciones

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    Reconoce los síntomas de la roséola. Esto incluye un brote rápido de fiebre que puede ser de hasta 103 grados Fahrenheit (39 grados Celsius) que viene junto con dolor de garganta o moqueo nasal en algunos casos. Esta fiebre puede durar hasta una semana. Cuando finalmente se va, se desarrolla una erupción en algunos casos. Esta erupción está compuesta por pintos rosas diminutos o parches y por lo general se presenta en la espalda, el pecho y el abdomen. Puede propagarse a los brazos y las piernas y algunas veces a la cara. No obstante, la erupción no pica pero puede durar muchos días antes de desaparecer. También puedes esperar irritabilidad en los bebés y párpados inflamados.

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    Debes saber que tu niño puede contraer roséola cuando está expuesto a la saliva y las secreciones de una persona infectada. Enseña a tu niño a evitar a otros niños que estén tosiendo y a no compartir con ellos objetos como tazas, vasos o utensilios para comer. La roséola se vuelve contagiosa mientras la persona que la contrae tiene fiebre; se puede propagar mucho tiempo antes de que aparezca la erupción; aparece de repente.

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    Mantén a tu niño o bebé alejado de los lugares donde haya otros niños con roséola. Por ejemplo, no lleves al niño a la guardería cuando se haya confirmado un caso de roséola hasta que sepas que el niño afectado no estará allí o ya no puede contagiar.

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    Lava muy bien tus manos cuando un miembros de la familia desarrolla roséola para evitar su propagación a los miembros de la familia que no han tenido el virus. La mayoría de las personas que han tenido un episodio de roséola refuerzan los anticuerpos en el sistema y desarrollan inmunidad contra el virus. Los adultos que contraen el virus normalmente no presentas síntomas severos pero pueden transmitir la enfermedad a los niños, por lo que una buena higiene es la clave para evitar la propagación de la roséola. Por ejemplo, no compartas toallas en la casa.

Consejos y advertencias

  • No permitas que un niño con roséola vaya a la escuela hasta que no pase la etapa de fiebre de la enfermedad. Aunque el niño seguirá siendo contagioso cuando desarrolle la erupción, es mucho más probable que propague la enfermedad cuando tenga fiebre.

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