Las fábricas en los inicios de la Revolución Industrial

Escrito por timothy lemke | Traducido por josé antonio palafox
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Las fábricas en los inicios de la Revolución Industrial
La Revolución Industrial comenzó en Gran Bretaña durante el siglo XVIII. (Photos.com/Photos.com/Getty Images)

La Revolución Industrial se produjo durante los siglos XVIII y XIX, y transformó las comunidades agrarias rurales de Europa y América en sociedades industriales y urbanas. Antes de la Revolución Industrial la gente realizaba la mayor parte de la manufactura en sus casas, con herramientas manuales y maquinaria simple. La industrialización desplazó la manufactura a las fábricas, donde la maquinaria especializada permitió la producción en masa. Aunque las primeras fábricas incrementaron el volumen y la variedad de productos manufacturados, también crearon una vida y condiciones laborales deprimentes para los pobres y para la clase trabajadora.

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Primeras fábricas estadounidenses

En su artículo "El sistema de fábricas de principios del siglo XIX" ("The Factory System of the Early 19th Century"), el autor William Hutt sostiene que los diseños británicos influyeron sobre el temprano desarrollo de las fábricas alrededor de todo el mundo. Poco sorprende entonces que un inmigrante británico abriera la primera fábrica estadounidense en 1790, construida a partir de sus recuerdos de la maquinaria textil británica que producía husos de estambre. Esta fábrica textil primitiva tenía 72 husos accionados por nueve niños que presionaban pedales, antes de cambiar -con el tiempo- a la energía hidráulica, de acuerdo con un artículo del sitio web U.S. History.org. El uso de trabajo infantil se convertiría en lugar común durante la Revolución Industrial.

Trabajo infantil

Durante la Revolución Industrial los niños fueron vistos como una fuente de mano de obra barata por los dueños de fábricas, mientras que las familias que luchaban por sobrevivir necesitaban desesperadamente el poco dinero que sus hijos podían ganar. Niños de tan sólo seis años de edad habitualmente trabajaban de 12 a 14 horas diarias, con poco o ningún tiempo para descansar. Además de las largas jornadas, los niños recibían una parte de los salarios que ganaban sus padres, y su trabajo les obligaba a utilizar maquinaria pesada peligrosa, bajo condiciones de seguridad prácticamente inexistentes. Cediendo a la crítica pública, el parlamento británico aprobó la ley de fábricas en 1833, que limitaba el número de horas que los niños y las mujeres podían trabajar en las fábricas textiles. Por el contrario, el gobierno de Estados Unidos promulgó exitosamente las leyes de regulación del trabajo infantil durante la década de 1930.

Condiciones de las fábricas

La vida en las fábricas era igualmente difícil para los trabajadores adultos como para los niños. La jornada laboral promedio era de entre 13 y 15 horas al día durante seis, a veces siete, días a la semana, trabajando en condiciones laborales duras y extremadamente peligrosas. En las fábricas se ponía a obreros no capacitados a manejar la maquinaria, que con facilidad podía herir o mutilar a algún desafortunado. Los productos químicos peligrosos utilizados en las fábricas creaban una calidad tóxica del aire, causando problemas crónicos de salud a los trabajadores, e incluso dejando estériles a algunas mujeres. Sin ningún programa de compensación por discapacidad, los obreros lesionados que no podían trabajar tenían muy pocas posibilidades de encontrar un medio para mantenerse ellos mismos.

Empleos fabriles

A diferencia de los trabajos agrícolas, que requerían que los trabajadores completaran una serie de tareas específicas, los trabajos en las fábricas requerían que los trabajadores pasaran de 13 a 15 horas al día repitiendo la misma tediosa tarea. Mientras que las economías de Estados Unidos y de Gran Bretaña crecieron durante la Revolución Industrial, los salarios relativos de los trabajadores de las fábricas no lo hicieron. Según un artículo publicado por la University of Hawaii, los salarios de los obreros se estancaron durante décadas, a pesar de que los precios continuaron elevándose. Los trabajadores no verían un aumento en los salarios sino hasta finales del siglo XIX y principios del XX.

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