¿Por qué somos fanáticos de los deportes?

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Los partidos son los lazos que nos unen

¿Por qué somos fanáticos de los deportes?
(Jupiterimages/BananaStock/Getty Images)

La gente tiene la necesidad de unirse con algo más que uno mismo, y los deportes dan esa oportunidad. Te están haciendo saber: esto es quien soy, esto es una parte importante de mi,

— Daniel Wann, profesor del departamento de psicología de la Universidad Estatal Murray.

Se pueden encontrar fanáticos del deporte en casi todos lados, en todos los estilos de vida y en todo el mundo. Pero lo que es completamente cierto es que existe un fuerte lazo familiar que se expande desde los límites del propio hogar hasta toda la sociedad. Y la ciencia ha demostrado que se conecta a tu cerebro.

La banda sonora de la vida

Ambos hombres vitorearon. Aullaron y gritaron, chocaron los cinco y se abrazaron.

Puede que haya sido el mejor momento de sus vidas.

Eran ya adultos, pero podrían haber tenido cualquier edad en el espectro que los separaba por cuatro años.

Hermanos, haciendo lo que los conectaba en el pasado, lo que los conecta ahora y lo que los seguirá conectando para siempre.

En esta noche particular era el béisbol, pero bien podría haber sido el básquet. Es parte de la tela que los une, tejida por algo tan simple como una voz en la radio.

"Siempre quieres que se escuche de fondo un partido, por el resto de tu vida", dijo Don.

Don prefiere los partidos en los que jueguen los Giants de San Franciso, quienes hasta el otoño de 2010 lo han dejado decepcionado, destrozado, pero de alguna manera, más fiel a ellos.

Es de esos equipos que te arrancan el corazón para ocupar su lugar más firmemente, echando raíces aún más profundas en tu alma.

Y todo empieza de manera muy simple, tan inocente como un trozo de papel movido por el viento, bailando a través del césped del campo de juego. Es el destello de una chaqueta azul tan brillante que cautiva la mirada de la juventud y se queda para siempre.

Es el sentimiento básico de querer pertenecer.

"Yo sólo quería estar con mi hermano mayor", dice Gary.

Congelado en el tiempo

Estaban juntos esa noche en Seattle cuando Don dijo que era uno de los mejores momentos de su vida. Gary lo llamó "mágico", algo que Paul McCartney no podría superar. Iban a ver el concierto de Sir Paul más tarde esa noche.

Los hermanos podrían haber estado en un jardín trasero de California Central con el radio transistor de su padre, recubierto en cuero, con la voz reconfortante del legendario locutor de los Giants, Lon Simmons, flotando en una tarde de verano.

Un juego aislado descrito mientras sostienen un bate en la mano, un guante en el puño y las formaciones colectivas de los Giants de 1971 y las A siendo jugadas a la perfección con cada lanzamiento.

Pero esta noche su estadio era un bar, y sus héroes estaban en la pantalla del televisor completamente destrozados por los Angels en la Serie Mundial.

Los Giants eran superiores y nada parecía más cierto para ambos que su equipo logrando su primer título en 48 años.

Pero eso no sucedió.

Los Angels ganaron la Serie del 2002 en siete partidos. Don, un ingeniero en ventas aeroespaciales, que hoy, como en ese momento, vive en el Sur de California, lo describe como el mismo infierno.

Gary vio cómo sucedía mientras estaba en una conferencia en San Francisco.

Era su propia tragedia, compartida con millones de otros fanáticos, pero también algo que sucede en todos los deportes, cada temporada, en cada ciudad.

Un sentido de identidad

¿Por qué somos fanáticos de los deportes?
(Sean Murphy/Lifesize/Getty Images)

El atractivo de la afición es nacional y global. El deporte y sus seguidores son aspectos galvanizantes de una sociedad.

"La gente tiene la necesidad de unirse con algo más que uno mismo, y los deportes dan esa oportunidad", dice Daniel Wann, profesor de psicología de la Universidad Estatal de Murray.

Esa conexión los lleva a una esfera más grande de gente que comparte las mismas emociones, los mismos amores y la distinción clara de dónde termina su mundo y dónde comienza el del otro equipo.

También provee un delineamiento, no sólo del ambiente que los rodea sino de sí mismos.

"Los aspectos psicológicos son la necesidad de pertenecer, que es donde empieza", dice el psicólogo Fran Pirozzolo. "Es una necesidad muy poderosa que todos tenemos hasta cierto punto, así que nos hacemos seguidores de cierto grupo o equipo, y esto queda grabado en el cerebro de forma bastante profunda".

Tan profunda que ser seguidor de un equipo se transforma en parte esencial de lo que uno es. Es por ese que se ve a un hombre adulto usando una chaqueta de su equipo, o a un egresado universitario colgar una bandera en su cubículo.

"Te están haciendo saber: esto es quien soy", dice Wann. "Esto es una parte importante de mi".

También es un lazo que comienza en casa, con el padre jugando un rol importante. Esto es algo consistente que Wann ha encontrado en estudios desde Australia hasta Noruega.

Para Gary y Don, ese lazo se intensificó a partir del radio de su padre pero también de un comercial de televisión de la NFL que mostraba un partido entre Green Bay y Baltimore. Casi inmediatamente, Don juró su lealtad a Bart Starr y los Packers, mientras que Gary lo hizo a Johnny Unitas y los Colts.

Los padres lo notaron y fue algo que los hermanos sostuvieron durante muchos años.

"Recuerdo que fue mi mejor regalo de Navidad, esa estúpida camiseta de los Colts", dice Gary sobre una festividad del pasado, acuñada firmemente en los confines de su juventud.

Un fanático para siempre

La banda sonora de su vida suena desde un radio transistor hasta en el radio del auto, en casa o de vacaciones, más tarde en televisores en visitas familiares a la Costa del Pacífico, y junto a eso, los Giants quedaron clavados firmemente en sus corazones.

Pero el básquet también era importante.

Su madre jugaba al básquet en el Estado de Washington y los partidos eran lo que hacía que la familia se mantenga unida entre noviembre y abril.

El escenario universitario estuvo dominado por UCLA, y el clan, como muchos en California, fue atraído hacia la órbita espiritual del legendario entrenador John Wooden.

Al final también atrajo a Gary. Cambió los terrenos baldíos por canchas verdaderas cuando fue creciendo y comenzó a jugar al básquet en la escuela secundaria.

Desde allí partió hacia UCLA y más tarde a la facultad de Medicina, y a su actual trabajo como neurólogo en Seattle, donde también trabaja en una facultad de la Universidad de Washington y en el Hospital de Niños de esa ciudad.

"Mi decisión de ir a la UCLA cambió por completo mi futuro, y se debió al básquet de esta universidad", dice Gary. "Si Cal hubiera tenido un mejor equipo de básquet, hubiera ido a Berkeley".

Aunque esa puede parecer una decisión consciente, Pirozzolo dice que el comportamiento de un fanático está muy conectado a la parte emocional del cerebro.

"Está encerrado ahí", dice Pirozzolo, quien formó parte del staff de los Yankees desde 1996 hasta 2002 y del staff de los Texas Rangers en 2009 y 2010. "Incluso antes de darte cuenta, cuando aparece un emblema, partes profundas de tu cerebro ya están trabajando, a favor o en contra".

Don dice que todavía va a San Francisco para uno o dos partidos cada año y cada vez siente que aterriza en un extraño planeta naranja.

Pero hay más que eso.

"Tienes esa sensación de que los equipos son como tus hermanos", dice Don. "Son tu familia".

Hermanos, ciertamente.

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