¿Por qué se forman óxidos en los radiadores de los coches?

Escrito por richard rowe | Traducido por mike tazenda
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¿Por qué se forman óxidos en los radiadores de los coches?
El anticongelante puede no hacer juego con tu ropa pero tampoco lo hace el agua con óxidos. (Jupiterimages/Photos.com/Getty Images)

Una cierta cantidad de óxidos en cualquier sistema de enfriamiento de un coche no es buena, pero no necesariamente significa que el motor se arruinará. Sin embargo, sí indica que el sistema de enfriamiento ha estado funcionando mal, y que puedes notar problemas más graves con el tiempo. Esta es definitivamente una de esas situaciones en las que la prevención, o el anticongelante, es la mejor cura.

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Óxidos y corrosión

El óxido necesita tres cosas para aparecer: agua, hierro y oxígeno. La corrosión es un proceso electroquímico, que involucra a un ánodo que cede electrones, un cátodo que los acepta y un electrolito que los transporta. El agua de un sistema de enfriamiento lleva un distinto número de compuestos, en particular dióxido de carbono. El dióxido de carbono en el refrigerante se combina no el agua para producir ácido carbónico, que disuelve el bloque de hierro del motor y libera átomos sueltos de hierro. Estos átomos se combinan con los átomos de oxígeno del agua para formar óxido de hierro o simplemente "óxido".

Óxidos disueltos y placas de óxido

Una cierta cantidad de óxidos disueltos en tu refrigerante es prácticamente inevitable si tienes un bloque de motor. El óxido de hierro disuelto es lo que transforma tu líquido refrigerante verde en un fluido lechoso de color marrón. Las placas de óxido, o escamas de óxido den el refrigerante, son otra cosa completamente distinta. El óxido disuelto de por sí no es bueno, pero indica típicamente un grado de corrosión superficial que sólo puede extenderse en unos pocos átomos de profundidad en el bloque del motor. Las placas de óxido indican que la corrosión ha penetrado lo suficientemente profundo para causar daño en las partes o incluso romperlas por completo.

Protección contra la corrosión

Además de sus cualidades lubricantes, el anticongelante realiza al menos una función importante en tu sistema de enfriamiento. EL líquido contiene un número de agentes reguladores, o bases, que contrarrestan el ácido carbónico que se forma en el refrigerante. Los agentes reguladores actúan de forma parecida al bicarbonato de sodio en un poco de vinagre: la base contrarresta al ácido, neutralizándolo y convirtiéndolo esencialmente en agua. Como es casi imposible evitar que el refrigerante absorba compuestos ácidos como el dióxido de carbono, los amortiguadores son la mejor opción para llevarlo a un estado neutro y evitar la corrosión antes de que se forme.

Cambio del fluido

Un anticongelante sólo contiene cierta cantidad de agentes reguladores, y eventualmente reaccionarán por completo con todo el ácido carbónico (o incluso, sulfúrico) de tu refrigerante. En cierto punto, todo el agente regulador se habrá agotado, dándole vía libre a los compuestos ácidos para que ataquen tu motor. El anticongelante sin reguladores comenzará casi de inmediato a oxidar el metal, haciendo una transición bastante rápida de un bonito color verde o amarillo a un tono marrón. Permitir que el proceso continúa hará que el ácido eventualmente penetre el bloque del motor y otros compuestos metálicos, causando placas de óxidos y fallas mecánicas. La solución es bastante sencilla: drena y reemplaza tu anticongelante cada 30.000 millas (48.000 km) o cada tres años, lo que ocurra primero.

Lidiar con el óxido

En la mayoría de los casos, no hay mucho que puedas hacer por el óxido en un motor con excepción de prevenirlo en primer lugar. Si tienes óxidos disueltos, atribúyelo a un error en el mantenimiento, drena el refrigerante y reemplázalo por fluido fresco. Las placas de óxido pueden ser un signo de falla en el sistema, y desafortunadamente no hay mucho que puedas hacer más que reemplazar el anticongelante para evitar que el problema empeore. Puedes usar una solución de ácido fosfórico diluido, comercialmente conocido como el neutralizador de óxidos "Ospho" para convertir los óxidos y detenerlos, pero ésta es una medida bastante extrema, y su uso debe dejarse a criterio de un profesional en la materia.

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