Hazlo Tu: Cómo restaurar motocicletas antiguas

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La posibilidad de pagarlas y la nostalgia conducen a un renovado interés por las motocicletas antiguas.

Hazlo Tu: Cómo restaurar motocicletas antiguas
(Jupiterimages/Comstock/Getty Images)

Ellos las miran y piensan que son un montón de chatarra... Pero nosotros crecimos con éstas. Las mirábamos y decíamos: “Vaya, ojalá consiguiéramos una de esas,

— Jim Downey, presidente del Club de Motocicletas Antiguas de Bahía Mobile, en Mobile, Alabama.

Chris Kelland, dueño de Motocicletas Limey, un taller de restauración de motocicletas de Austin, Texas, señala que fue su padre quien lo inspiró para comenzar a restaurar motocicletas antiguas. Pero no es la típica historia del padre convertido en modelo a seguir que te imaginas. “Cuando era joven, las únicas motocicletas que podía pagar eran las viejas”, cuenta Kelland. “No podía pagarle a alguien para que las arreglara, así que tuve que aprender a hacerlo yo mismo. Y era algo que quería aprender a hacer porque mi padre era tan bueno para la mecánica como puede serlo un piano. No quería ser como él”. La historia de Kelland no es típica, pero las actitudes de tipo HUM (“Hágalo Usted Mismo”), como la suya, y la posibilidad de pagar por los vehículos son dos de los factores que han vuelto a poner en marcha el interés por la restauración de motocicletas antiguas.

Restauración de motocicletas contra restauración de automóviles

¿Por qué restaurar una vieja motocicleta cuando puedes arreglar un viejo automóvil, que te provee de un medio de transporte y de un techo sobre tu cabeza para cuando hace frío o llueve? Una motocicleta antigua en funcionamiento cuesta entre 500 y 2000 dólares y, dependiendo de la condición en la que esté, restaurarla puede costar varios miles de dólares. Restaurar un automóvil puede llegar a costar hasta 30.000 dólares.

“Cuando se trata de motocicletas, hay muchos menos involucrados”, afirma Jim Downey, presidente del Club de Motocicletas Antiguas de Bahía Mobile, en Mobile, Alabama. “Yo he restaurado un par de automóviles, y es abrumador. El automóvil tiene miles de partes. Con una motocicleta no necesitas ningún elevador para meterte debajo. Puedes desarmarla en una tarde en tu propio garaje”.

Las motocicletas restauradas pueden ser tan confiables como los automóviles nuevos, y a veces más, según Kelland. Él es dueño de una Yamaha 650 de 1976, y el único mantenimiento que necesita es el aceite para el motor y el aire para las llantas.

“La dejo guardada durante seis meses en el invierno y arranca al primer intento”, cuenta. “Si están bien construidas de fábrica, pueden ser tan confiables como cualquier vehículo. Estoy seguro de que las personas que tienen automóviles nuevos y han tenido que llevarlos al concesionario una y otra vez estarían de acuerdo”.

“Además, los vehículos antiguos tienen algo con lo que los nuevos no cuentan: simplicidad. Mantenerlos no sobrepasa la capacidad de cualquier mecánico casero”.

El aumento en el interés por la restauración de motocicletas antiguas es producto también del aumento de la natalidad y de la llegada de las motocicletas japonesas en la década del 60, afirma Ed Youngblood, director de la Fundación para las Motocicletas Antiguas de Westerville, Ohio.

En 1958, el mercado entero de motocicletas de Estados Unidos vendió 40.000 vehículos. Al año siguiente, Honda abrió su primera distribuidora y vendió 17.000 unidades de uno solo de sus modelos.

“La industria japonesa se recuperó por completo después de la guerra”, dice Youngblood. “Las fábricas eran nuevas y manufacturaban con mucha precisión. Al mismo tiempo, la industria británica estaba agotada y a ellos no les importaba. Sólo construían basura”.

“Así que cuando las motocicletas japonesas llegaron a Estados Unidos, la calidad era algo nunca antes visto. Y por la tasa de cambio del momento, eran increíblemente baratas”.

Muchos de los nacidos durante el aumento de la natalidad eran adolescentes cuando las motocicletas Honda comenzaron a llegar a los Estados Unidos, y las compraban a montones. Las motocicletas eran una parte importante de su niñez y, ahora que está empezando el crepúsculo de sus vidas, se sienten nostálgicos, afirma Youngblood.

Charlie Lawlor, dueño de Pros de la Restauración en Tempe, Arizona, restauró hace poco una motocicleta Honda, propiedad de un veterano que la compró cuando prestaba servicio durante la guerra de Vietnam.

“El hombre tiene 63 años, y si servías a tu país podías comprar una motocicleta en Japón y el gobierno de Estados Unidos te la traía a casa. Así que me pidió que se la restaurara. Quiere fotografías suyas con el traje de marinero para recordar 1966”.

Sin embargo, no son solamente los nacidos durante la explosión de la natalidad que empiezan a envejecer los que muestran interés por las motocicletas restauradas. Muchas de las personas que conducen las motocicletas de Kelland entran en una categoría muy específica: la de los hipsters.

“La mayoría de los muchachos que las manejan tienen entre 20 y 30 años y quieren verse geniales”, dice Kelland. “Esta es la forma más barata de lograrlo. No pueden pagar una motocicleta nueva que los haga lucir geniales, pero pueden comprar una Honda CB 350 vieja que lo haga lucir así por 1500 o 2000 dólares”.

Las más populares motocicletas de restauración

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(Thinkstock/Comstock/Getty Images)

Las motocicletas japonesas son fundamentales para cualquier coleccionista, pero las más populares son las norteamericanas clásicas: Harley-Davidson e Indian.

“Son consideradas como clásicas y representantes de una era entre las dos guerras mundiales, cuando las motocicletas norteamericanas eran muy especiales y distintas a cualquier otra del resto del mundo”, dice Youngblood. “Eran grandes, lujosas y poderosas”.

Kelland sostiene que la popularidad de las motocicletas antiguas se debe a sus diseños únicos. A diferencia de las motocicletas nuevas, que se basan en líneas diagonales que crean máquinas con forma de cuña, las antiguas se basaban en líneas horizontales y simplicidad.

En este momento, todo se produce con el objetivo de complacer a las masas en lugar de satisfacer la visión artística de una persona, afirma. “Así que terminas con algo como el Ford Focus, que es tan aburrido como un batido de vainilla. Se acomoda bien a todos, así que nada está muy bien hecho. Ya no tratan más de ser innovadores”.

La originalidad es importante

Además de la posibilidad de pagarla, hay otra diferencia importante entre la restauración de motocicletas y de automóviles. La comunidad automovilística tiende a restaurar un vehículo hasta que luzca como nuevo, mientras que los coleccionistas de motocicletas prefieren no modificar la apariencia del vehículo.

“Nunca conocerás a un coleccionista que encuentre una motocicleta nueva y la desarme y la restaure”, afirma Youngblood, en referencia a una vieja motocicleta encontrada en un granero juntando polvo. “Hoy en día, nada es más preciado que una motocicleta con la pintura original completa. Puede que tengas que reemplazar partes deterioradas del caucho, pero no te atreves a tocar la pintura original”.

“En las exposiciones, a menudo he visto a coleccionistas que pasan de largo ante Harleys e Indians hermosamente restauradas para juntarse alrededor de una máquina original que, en algunos casos, tiene una apariencia terrible”.

Muchas personas encuentran motocicletas viejas oxidándose en los graneros o garajes de alguien, un trozo de metal olvidado esperando ser restaurado.

“Hace poco, conducía con un amigo y paramos en un taller de motocicletas que tenía, en la parte trasera, una vieja Honda 450 CC de los años 50”, cuenta Downey. “El dueño dijo: ‘Está oxidada y hace años que nadie la conduce, pero por 100 dólares es tuya’. Así que la compré”.

Distintos estilos para distintas personas

A los 67 años, Downey restaura motocicletas como medio para cumplir los sueños de su infancia.

“Cuando era niño”, cuenta, “siempre quise una de estas, y ahora puedo ir y comprarla. No son imposibles de conseguir, en lo absoluto, como cuando era joven”.

Sus hijos, sin embargo, no comparten su amor por los modelos antiguos.

“Ellos las miran y piensan que son un montón de chatarra. Preferirían comprar una motocicleta nueva. Pero nosotros crecimos con estas. Las mirábamos y decíamos: ‘Vaya, ojalá consiguiéramos una de esas’”.

“Para nosotros eran hermosas y aún lo son. Es como una obra de arte, una escultura, salvo que puedes subirte y conducirla”.

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