El hombre que llegó a Marte

Escrito por equipo de redacción
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Detrás de Curiosity, el robot que la NASA logró llevar al planeta rojo, hay muchísimos años de trabajo meticuloso. Entrevistamos a Miguel San Martín, la cabeza que pensó que esto era posible.

El hombre que llegó a Marte
(Nasa)

Las condiciones que debieron darse en la Tierra para que existiera la vida son increíbles, todo tiene que ser perfecto: yo le llamo una especie de coincidencia cósmica. Puede ser que esa coincidencia cósmica se haya dado en algún otro lado.

En agosto de 2012 los ojos del mundo se detuvieron por un instante en un mismo hecho: un robot de la NASA aterrizaría en Marte. Algo que nos suena a ciencia ficción se hacía muy real, como también la chance del fracaso. La maniobra por realizar era complejísima y el mínimo error echaría a perder el esfuerzo de años y millones de dólares. No fue fortuito que la expresión “siete minutos de terror” inundara la prensa mundial. Pasado el terror, finalmente el explorador Curiosity posó sus ruedas en suelo marciano e hizo historia. Lo que vendrá después, los datos que pueda dar, también serán historia, pero el capítulo de la llegada ya estaba escrito. La pluma es del argentino Miguel San Martín, ingeniero principal de guiado, navegación y control del Laboratorio de Ciencia de Marte de la NASA. En http://mars.jpl.nasa.gov/msl está toda la información actualizada de lo que Curiosity va contando desde el planeta rojo. Pero nosotros quisimos ir al detrás de escena. Al fin y al cabo, las cosas las hacen hombres y mujeres. Pues entonces, ¿quién es Miguel? Lo entrevistamos y aquí te lo contamos.

¿Qué buscamos en Marte?

El hombre que llegó a Marte
(Getty Images)

Hace 4 mil millones de años Marte era un planeta mucho más parecido a la Tierra, árido y húmedo. Por lo tanto, podrían haberse dado allí las condiciones para que la vida surgiera. El interés en Marte es saber si hubo vida en algún momento, esa es la búsqueda, de vida, tratar de responder eso.

¿Y saber si nosotros podríamos vivir ahí?

No es necesariamente por eso. Hay una pregunta filosófica que aunque nunca nos vayamos de este planeta igual es válida: ¿hay vida en otra parte del Universo? Las condiciones que debieron darse en la Tierra para que existiera la vida son increíbles, todo tiene que ser perfecto: la distancia con el sol - no mucho frío, no mucho calor-, tiene que haber agua, tienen que haber tantos elementos… yo le llamo una especie de coincidencia cósmica. Puede ser que esa coincidencia cósmica se haya dado en algún otro lado.

Viene de las ciencias duras, pero en entrevistas ha hablado de fe

El hombre que llegó a Marte
(Getty Images)

No sé si he hecho muchas referencias místicas, trato de guardar un poco mis creencias religiosas.

¿Para que no lo mezclen con su trabajo?

Claro. Existen diferentes niveles de creencia y religiones donde estoy. Es interesante que no se hagan estadísticas de que todos los que trabajan en esto son todos ateos. O todos creyentes. Lo he visto y está bastante mezclada la cuestión. Muchos amigos míos son militantes ateístas pero conozco otros que son fanáticos de la ciencia y son muy religiosos también. Lo mismo se da para la política: uno pensaría que toda la gente muy inteligente y muy educada debiera llegar a la misma conclusión desde el punto de vista político pero tampoco es así [ríe].

“Uno está apostando ocho años de carrera, el prestigio, y no quiere desilusionar a nadie… al equipo… todos trabajaron como bestias. El peor escenario era fracasar y fracasar por culpa de algo que estaba al alcance del control de uno. Fracasar es un desastre, pero fracasar y ser el culpable, peor. Luego de aterrizar comenzaría el trabajo de muchos científicos. Verlos llegar de todas partes del mundo a instalarse en las oficinas me producía una gran angustia. Si fracasábamos los dejábamos con las manos vacías”, dice.

Ocho años de trabajo que se definían en siete minutos

Exactamente.

¿Cómo se vive eso?

El hombre que llegó a Marte
(Getty Images)

¡Con mucha intensidad! [ríe y sube el tono de voz, divertido]. Siempre hay peligro de cometer un error y dañar un instrumento. Por otro lado, la zona donde aterrizamos no era el objetivo científico; la eligieron porque era más segura para aterrizar. El lugar, donde está “la ciencia”, es en la montaña, que queda como a 6 km. Monte Sharp. Ahí es donde están las capas geológicas sedimentarias, con suerte allí están escondidos los secretos del pasado de Marte.

¿Van a tratar de hacerlo ir hasta ahí?

Sí, es el plan. La idea era darle derecho a la montaña. Los científicos son gente curiosa por definición. El problema con la exploración de Marte es que la evidencia puede estar sepultada por lava volcánica, por eso es que hay que ir a buscar a lugares correctos, donde la lava no haya enterrado la evidencia del pasado.

El vehículo fue diseñado para que dure, por lo menos, dos años. De no sufrir desgaste ni ningún desperfecto trágico, Miguel dice que Curiosity debería durar entre 10 y 14 años.

Dicen que cuando se prepara un casamiento luego de la fiesta llega un ¿y ahora qué? ¿Y ahora qué, Miguel, qué con toda esa adrenalina con la misión cumplida?

El hombre que llegó a Marte
(Getty Images)

Este es mi cuarto aterrizaje en Marte. Todos los hemos vivido de distinta manera. El más duro fue el Opportunity [la misión no tuvo el éxito esperado, con algunas averías]. Algunos miembros del equipo dejaron la profesión, consecuencia del bajón que les agarró. Dejaron la carrera, y el laboratorio. Por suerte siempre tuve otra misión que enseguida me ocupa la cabeza.

¿No se queda prendido del error?

He visto fracasos y he visto gente navegar por el fracaso sin problema. En ese sentido la NASA y el laboratorio tienen una filosofía excelente, la correcta: que uno trabajó duro con honestidad e inteligentemente. Y el error nunca es de una sola persona. Es del equipo. El laboratorio jamás castiga a una persona, hay un peligro y es siempre asumido por un equipo. Lo único que nos piden es que trabajemos con profesionalidad.

Si uno sueña con trabajar con algo tan lejano como esto, ¡fuera de la Tierra! ¿Hay que ir sí o sí a Estados Unidos?

El hombre que llegó a Marte
(Getty Images)

No, porque Europa también tiene una actividad científica importantísima hoy en día. En este momento tiene una nave en camino a un cometa, la misión Rosetta [es la nave de la Agencia Espacial Europea (ESA)]. La Argentina tiene más actividad ahora también en colaboración con el lugar donde yo trabajo [se refiere al SAC-D/Aquarius, satélite que lanzó la NASA desde California]. Así que hoy ya no es el monopolio entre la Unión Soviética y Estados Unidos. Los chinos están aumentando su interés; India también.

¿Lee ciencia ficción?

No, sí puedo decir que en el laboratorio hay mucha gente fanática de la ciencia ficción. Pero a mí siempre me gustó lo real, lo que podemos hacer hoy, no lo que podemos hacer en mil años o nunca.

¡Pero a los 17 años soñaba con irse a trabajar con cosas que estaban fuera de la Tierra!

El hombre que llegó a Marte
(Getty Images)

¡Sí! Pero lo que me gustaba era el desafío ingenieril, tecnológico, de agarrar una máquina que está aquí y transportarla a Marte. Yo soy ingeniero de nacimiento: desarmaba los juguetes para ver qué tenían adentro y me gustaban mucho las cosas con control remoto. Construir cosas que hagan cosas difíciles.

Todo lo que cuenta indica un grado de meticulosidad y obsesión. ¿Cuán obsesivo es?

Muy. Siempre digo que detrás de lo exitoso hay un defecto de la personalidad, constructivo. Uno tiene que tener un raye medio raro para tener el nivel de concentración que se precisa. Pero es un raye que uno lo vive de forma positiva. Me puedo pasar horas, noches, resolviendo un problema, porque el más pequeño puede ser el fracaso. Uno puede tener 99.9% correcto y el 0,1 % que le erró y son pérdidas millonarias. Soy un escéptico: cuando mis ingenieros traen un nuevo diseño les digo “son incorrectos, pruébame que son correctos. Pruébame que funciona”. Es muy difícil apagar esa forma. Cuando estás cerca de Marte, esa obsesión hay que regularla, porque sino seguí haciendo modificaciones. Por eso tenemos un sistema por el cual no tengo control sobre los cambios finales; hay un panel de expertos que nos regulan. Pero creo que no viene todo de acá [se señala la cabeza], hay que tener la “parte humana” también. Hablar con tus ingenieros, mirarlos a los ojos, saber si están seguros de lo que están haciendo, si están comunicando el riesgo, si están siendo obsesivos. No es todo números. Un amigo decía que le molestaba mucho algo de la serie Star Trek. Estaba el capitán Spock (era el súper genio) y Kirk (el intuitivo, con cualidades de líder). Siempre se metían en líos. Mientras Kirk estaba coqueteando con una señorita del nuevo planeta que habían encontrado, Spock estaba resolviendo los problemas en forma científica y matemática. Pero se quedaba “corto”. No le salía todo. Entonces venía Kirk y con su intuición, carisma y liderazgo terminaba de solucionarlo.

¡Se necesita algo de Spock y de Kirk!

¡Sí! Se necesita mucho de Kirk y mucho de Spock, y en las medidas correctas. Es difícil balancear.

¿Qué cosa entendió a los 53 años?

El hombre que llegó a Marte
(Getty Images)

Muy poco... No me he hecho esa pregunta [piensa unos segundos]. Que para triunfar hay que trabajar mucho; requiere sacrificio, pero que se puede. Y que se necesita un poco de suerte, es cierto. Una lección importante es que para lograr ser feliz uno tiene que saber sus limitaciones y hacerse un planteo conociendo esa limitación.

¿Qué cosa no entendió aún a los 53 años?

Hay ciertas cosas q me frustran… donde nos quedamos cortos con el conocimiento humano. Todavía estamos discutiendo cómo organizar una sociedad, qué tipo de sistema es el más óptimo. Hay mucho por hacer en ese sentido. En lo profesional para mí con Curiosity me saco de encima una gran gana. Si bien es mi cuarto aterrizaje en Marte, los anteriores utilizaron más trucos de ingeniería mecánica (bolsas de aire, por ejemplo). Fue un desafío tecnológico muy grande, creo que será muy difícil en mi vida superar este logro.

Le quedan varios años de profesión por delante. ¿Qué va a hacer?

El hombre que llegó a Marte
(Getty Images)

¡Definitivamente no otra de estas! [Ríe fuerte]. Dije que colgué los botines, y me refiero a no trabajar al nivel del detalle como lo hice en esta misión. Tener la nariz tan metida. Mi desafío ahora es poder manejar el equipo desde un nivel más abstracto. Un control más macro. Algo que tengo que hacer es aprender a delegar más, poder determinar si las cosas están bien hechas aún cuando uno no entra en todo al detalle. Estoy trabajando en el diseño (no es una misión, aún no está aprobada) para tomar una muestra de un cometa y traerlo a la Tierra. Cómo iremos al cometa, cómo descenderemos, cómo tomaremos la muestra, cómo la guardaremos en un tarrito y cómo la traeremos de vuelta.

¿Qué sabe hacer muy bien que nosotros no nos enteramos?

Mi mujer Susan siempre dice que yo me encargo de las necesidades interplanetarias de la familia y ella se encarga del resto [sonríe]. Da una pauta de lo que hago. Me gusta arreglar cosas en la casa. Me encanta la música y soy fanático de Frank Sinatra. También me conocen como un gran asador: una semana antes del aterrizaje hicimos una fiesta en casa. Invitamos al equipo, éramos 50 personas. Hicimos asado a la argentina, con leña y salió bien de corajudo, porque no es que supiera hacerlo. Con mi familia somos famosos por nuestras fiestas: hacemos las más ridículas. Hemos invitado a 150 personas, y cocinamos todo nosotros. Nos encanta. Nos gusta festejar. Hay que ser bueno para trabajar y para divertirse.

Consejos y advertencias

  • Si quieres saber las novedades de primera mano te recomendamos visitar http://mars.jpl.nasa.gov/msl/. Y también seguir a Curiosity en Twitter (@MarsCuriosity) y en Facebook: www.facebook.com/MarsCuriosity.

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