Vida

Huevos y conejos: el misterio de las Pascuas

Escrito por cecilia galli

Tradiciones y celebraciones alrededor del mundo.

Huevos y conejos: el misterio de las Pascuas

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La tradición de utilizar huevos decorados para celebrar la vida, el renacimiento de la naturaleza y la llegada de la primavera existe desde hace al menos 2,000 años.

¿Sabes por qué se regalan huevitos para celebrar la Pascua? ¿Y por qué se dice que los traen los conejos? En este artículo te contamos la historia de los huevos de Pascua y cómo se festeja esta fiesta alrededor del mundo. Además, conocerás el misterio detrás de los huevos de Fabergé.

Una celebración con mucha historia

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Mucho antes de que los cristianos comenzaran a festejar la Pascua, los huevos de colores ya se utilizaban para celebrar la vida y la primavera en lugares tan dispares como Europa, China y Egipto.

Si bien en la actualidad los huevos y los conejos de Pascua están íntimamente relacionados con la celebración de la fiesta cristiana que conmemora la resurrección de Jesús, la tradición de utilizarlos para celebrar la vida, el renacimiento de la naturaleza y la llegada de la primavera existe desde hace al menos 2,000 años.

En la antigüedad, probablemente gracias a su gran capacidad reproductiva, el conejo simbolizaba la fertilidad, atributo especial de la diosa teutona Eastre, a quien estaba dedicado el mes de abril, que marca el comienzo de la primavera en el hemisferio Norte. El nombre de esa diosa y de su fiesta fue tomado para llamar a la Pascua en inglés (Easter).

Otro antiguo símbolo de la fertilidad son los huevos, que desde tiempos inmemorables se pintaban con colores brillantes, para representar la luz del sol, y se regalaban para festejar la llegada de las estaciones más benignas. Es así como la tradición de obsequiar huevos, que tenía lugar en Europa, China, Persia y Egipto en esta época del año se remonta a más de dos milenios.

Ahora bien, la utilización del conejo de Pascua como personaje surgió en las culturas germánicas, y luego pasó a las anglosajonas. ¿Pero qué tiene que ver un conejo con los huevos? ¿Cómo llegaron los conejos a traernos huevos de Pascua?

Hay varias leyendas que vinculan estos dos elementos. Una de ellas cuenta que, cuando Jesús murió y fue sepultado, un conejo estaba en el sepulcro junto a él y se convirtió en el primer testigo de su resurrección. Y, para festejar el milagro, el conejo regaló huevos pintados.

Pero hay otra leyenda que no tiene relación con la religión y que dice que un día de primavera unos niños se asomaron a un granero y vieron salir corriendo a un conejo. Curiosos, entraron a ver qué sucedía y encontraron un huevo. Y los niños pensaron que el conejo había puesto el huevo, dando lugar al vínculo entre los dos elementos.

Para el siglo ocho, los anglosajones utilizaban el nombre de la festividad de Easter para nombrar a la fiesta cristiana. En el siglo 18, se fabricaban huevos de papel maché y se guardaban regalitos en su interior. Cien años más tarde, lo común eran los huevos de cartón decorados con cintas de seda. Para la misma época, nacían en Alemania, Italia y Francia los primeros huevos de chocolate decorados con azúcar y con un pequeño regalo en su interior.

Estas tradiciones fueron importadas a América por los inmigrantes alemanes en el siglo 18. El día de Pascua, los niños encontraban los huevos de colores que les había dejado el conejo. La emoción era semejante a la llegada de Santa Claus en Navidad, y los pequeños creían que si se portaban bien el conejo traería huevos de colores. Para guardar esos huevos, los niños armaban nidos que escondían en la casa o en el jardín. Esos nidos son los tatarabuelos de las canastas que hoy utilizamos para recolectar los huevitos de Pascua.

La fiesta alrededor del mundo

Jupiterimages/BananaStock/Getty Images

En la actualidad, si bien la celebración de la Pascua se ha globalizado, aun permanecen las formas locales de festejar esta fecha.

En muchos países del mundo, teñir, pintar y decorar huevos es una tradición que ocupa a las familias en los días previos a la Pascua. Ya sea para darle a la casa un toque indefectiblemente festivo o para regalarlos a los familiares, niños y grandes se esmeran en convertir huevos de gallina en pequeñas obras de arte.

En México, los huevos pintados se rellenan con monedas o confeti y se esconden para que los niños los encuentren. En Estados Unidos, es tradición que se escondan en la casa o en el jardín pequeños huevos de plástico coloridos con monedas en su interior. En ambos lugares se organizan búsquedas para los niños, quienes recorren el lugar con gran algarabía para hacerse de un botín, o quebrar los huevos sobre otras personas para cubrirlos de confeti.

En la Argentina, los niños buscan los huevitos, pero éstos son de chocolate y están decorados con azúcar. Suelen contener pequeñas sorpresas, como caramelos o pequeños juguetes, en su interior. Las búsquedas de huevos también tienen lugar en países tan lejanos entre sí como Suecia, Canadá, India y Filipinas.

En Grecia, el festejo de la Pascua supone que la gente “brinde” con huevos. Esto es, que entrechoque huevos en el aire. Y en algunos pueblos de Inglaterra se hacen rodar huevos de colores desde lo alto de las colinas.

En muchos lugares los festejos también incluyen desfiles de Pascua, con carrozas, música y todo lo necesario para celebrar esta fecha. Incluso los niños de países como Inglaterra y Australia organizan sus propios desfiles con sombreros y orejas de conejo decoradas en casa.

Y no es para sorprenderse que, después de los cuarenta días de abstinencia impuestos por la Cuaresma, otra protagonista de la celebración sea la comida. En el rubro de las golosinas, los huevos, conejos y gallinas de chocolate se complementan con pollitos de azúcar o malvavisco, caramelos de todos los colores y sabores, y tortas.

Otras comidas tradicionales son la rosca de Pascua, un pan dulce cubierto de azúcar y crema pastelera, que en su interior esconde un huevo. O la Paloma o Colomba pascual, también un pan dulce con forma de ave.

Y, dejando de lado el reino del azúcar, quizás uno de los alimentos preferidos para esta fecha sea el jamón, acompañado de alguna salsa dulce.

Más allá de las particularidades locales de esta celebración, hay algo que resulta común a todos los lugares: la reunión familiar o con amigos y la fiesta. Por el renacer de la naturaleza, de la vida y del hombre.

Los famosos huevos Fabergé

Tom Kelly bajo licensia de Creative Commons

Existen unos conocidos huevos de Pascua que se diferencían de sus pares de chocolate. Hechos en metales preciosos y recubiertos con piedras preciosas, los huevos Fabergé se encuentran entre las joyas más famosas del mundo.

Todo comenzó en 1885, cuando Alejandro III, entonces zar de Rusia, le encargó a Peter Carl Fabergé un huevo de Pascua para regalarle a su esposa, María Fyodorevna. Como la zarina era danesa, el joyero eligió como fuente de inspiración un huevo de Pascua propiedad de una tía de la emperatriz, que supuestamente le encantaba cuando era niña. Tal fue el agrado de María, que Alejandro le pidió a Fabergé que realizara un huevo por año. Y la única condición que le impuso fue que cada obra fuera única y que encerrase una sorpresa secreta en su interior.

Fabergé dejó que su imaginación volara, y fue así como creó 50 huevos para la familia imperial rusa. Inspirados en diferentes temas, los huevos reflejaban estilos artísticos europeos, obras de arte y sucesos de la vida imperial, como fechas importantes familiares, la coronación de Nicolás II o los 300 años de la dinastía Romanov. Cada huevo suponía un año o más de trabajo por parte de un equipo de joyeros altamente experimentados.

A la muerte de Alejandro, su hijo Nicolás II, nuevo zar de Rusia, tomó la tradición iniciada por su padre. Los huevos de Pascua imperiales se convirtieron en la prioridad de la compañía de joyeros Fabergé, que para ese entonces ya era proveedora oficial de la corte rusa. De los 50 huevos que la casa Fabergé realizó para la familia imperial rusa, sólo se conservan 42. Y aquí es donde comienza el misterio.

Los dos últimos huevos, hechos para la Pascua de 1917, nunca llegaron a ser entregados. Ocho huevos imperiales se perdieron. Dos se conocen únicamente a través de fotografías, y tres fueron descubiertos en 2007: uno aparece en una foto de una vitrina de la zarina María, otro aparece reflejado en el vidrio del mismo mueble, y otro puede verse en la foto de una joyería londinense, en la parte inferior de una estantería. Pero nada se sabe de los tres huevos restantes. Un misterio más que envuelve a la familia imperial rusa, ideal para una búsqueda de huevos de Pascua, esta vez, claro, de características nada parecidas a las que tendrán lugar en las casas y jardines de los niños del mundo.

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