Impacto ambiental: andar en auto bus o bici

Escrito por lautaro berasategui Google
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Pedalear las distancias cortas

Impacto ambiental: andar en auto bus o bici
(George Doyle/Stockbyte/Getty Images)

Lo urbano se extiende por todas partes, pero hemos perdido la ciudad y al mismo tiempo nos hemos perdido de vista a nosotros mismos. Ante este panorama, es posible que a la bicicleta le corresponda un papel determinante: ayudar a los seres humanos a recobrar la conciencia de sí mismos y de los lugares invirtiendo, en lo que le corresponde a cada uno, el movimiento que proyecta a las ciudades fuera de sí mismas.

— Marc Augé, Elogio de la bicicleta.

En las “horas pico” en que la gente va a su trabajo o regresa a su hogar, una imagen se repite en muchas de las ciudades del mundo: largas filas de coches con nerviosos conductores aguardando poder avanzar apenas unos escasos metros, los caños de escape de los autobuses despidiendo infinidad de gases tóxicos perjudiciales para el medio ambiente y, por si esto fuera poco, el ruido de bocinas inundándolo todo. Esta molesta situación no solo afecta los nervios y la salud de las personas sino que, además, los embotellamientos constituyen un derroche de recursos energéticos y potencian una de las principales causas de la contaminación ambiental: las emisiones de carbono. En contrapartida, existe un vehículo que no solo no contamina si no que al mismo tiempo descongestiona las vías de tránsito de las ciudades a la vez de que sirve para hacer ejercicio y cuidar la salud, ya que depende de la propulsión que le da su usuario: la bicicleta. Todos estos aspectos beneficiosos no han escapado a la consideración de varios gobiernos, que han visto cómo la bicicleta puede constituir la solución para los múltiples problemas de contaminación y movilidad del transporte público que enfrentan los grandes centros urbanos.

Ciclovías para redescubrir la ciudad

Impacto ambiental: andar en auto bus o bici
(Jupiterimages/Photos.com/Getty Images)

Son muchas las grandes ciudades del mundo que han regulado la excesiva presencia de coches y autobuses implementando las denominadas “ciclovías” o “carriles para bici”, una opción ideal para proteger la infraestructura de los cascos antiguos o para descongestionar el tránsito en los desplazamientos a través de distancias cortas que muchas veces se realizan en autobús.

Desde París a Berlín, Madrid a Lisboa, las sendas de bicicleta no solo sirven a aquellos que prefieren desplazarse a los lugares de estudio o trabajo sin depender del transporte público sino que se han convertido en un componente indispensable para el disfrute de los turistas. Nada mejor que recorrer los puntos de interés de una ciudad contando con la libertad de detenerse el tiempo que se considere necesario según el propio gusto o interés. A su vez, son muchas las ciudades que ofrecen un servicio de alquiler de bicicletas que, no solo son una opción más económica que comprar varios billetes de autobús, sino que les ahorra a los visitantes primerizos los problemas asociados a coordinar los horarios con el transporte público de una ciudad desconocida. De hecho, una de las más importantes ciclovías de Europa constituye una alternativa limpia al transporte en autobuses pero también al uso del avión o el tren. Este es el caso de la vía que une nada más ni nada menos que la catedral de Notre Dame en París con el puente de Westminster en Londres, pasando por los espectaculares paisajes del Epte (inmortalizados por Monet) mientras se ahorra dinero, se gana en salud y se protege el medio ambiente.

Bicicletas ecológicas

Impacto ambiental: andar en auto bus o bici
(NA/AbleStock.com/Getty Images)

Las bicicletas protegen el medio ambiente no solo porque están libres de emisiones de carbono. Desde aquellos fascinantes diseños del siglo XIX, como la bicicleta de rueda alta inventada por James Starley que en 1870 causó furor en la Francia de los cafés y los verdes parques, hasta los aerodinámicos modelos de la actualidad, se han ido renovando los materiales de construcción de la bicicleta en la búsqueda del auténtico vehículo ecológico.

En México, por ejemplo, la empresa Bamboocycles ha desarrollado una bicicleta hecha de bambú que fusionan en un perfecto equilibro la innovación tecnológica, el diseño elegante y la ecología. Con esta bicicleta no solo se sustituyen los materiales que dependerían de procesos industriales contaminantes si no que el bambú que se cultiva, en la zona de Yucatán, produce grandes cantidades de oxígeno que purifican la atmósfera. Si existen dudas sobre la resistencia de este modelo, que es a su vez muy flexible y absorbe muy bien los impactos, basta recordar que el bambú se utiliza, por ejemplo, para la construcción de pisos y que este “acero vegetal” es más duro que la madera de hayas o robles. Otro ejemplo de la sustentabilidad asociada a la bicicleta son los modelos hechos a base de materiales reciclables como el cartón (invento de Izhar Gafni) o los envases de bebidas y shampoo (una bicicleta diseñada por el artista plástico Juan Carlos Calabresse Muzzi).

La salud y la conciencia del espacio

Impacto ambiental: andar en auto bus o bici
(Digital Vision./Photodisc/Getty Images)

Para los fanáticos de los espacios abiertos, las bicicletas fijas de los gimnasios son lo más parecido que existe a las ruedas en las que corren los hámsters. Se comparta o no el sentimiento de encierro, la bicicleta utilizada como medio de transporte no solo ahorra minutos en la espera y desplazamientos en autobús por las congestionadas calles si no que puede sustituir varias sesiones de gimnasio, permitiendo dedicar el tiempo del ejercicio a otras actividades recreativas.

Con unos 20 minutos de bicicleta, pedaleando a velocidad moderada (de 19 a 20 kilómetros por hora) se pueden quemar entre 120 y 180 calorías, dependiendo del peso del ciclista. Esto no solo es una opción para bajar de peso y mantener la figura sino que, por ejemplo, es una de las recomendaciones que el Ministerio de Salud Español realiza desde su página en internet ya que la actividad física reduce el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, tensión arterial alta, cáncer de colon y diabetes, al tiempo que fortalece los músculos y mejora la capacidad para hacer esfuerzos sin fatiga. Todos estos beneficios que obtiene el ciclista se potencian si la actividad se realiza como alternativa al transporte público, disfrutando del paisaje al tiempo que se lo protege y mantiene libre de contaminación. Esto es tan así que para el antropólogo francés Marc Augé, estudioso de cómo ciertos lugares de tránsito se convierten en “no lugares” (por ejemplo, los aeropuertos, donde la espera es la único actividad), la bicicleta es toda una forma de humanismo que en tiempos de realidades virtuales le devuelve a sus usuarios la conciencia del espacio y de los otros. Una conciencia que para ser plena, a su vez, debe integrar la perspectiva de la ecología como aspecto fundamental del humanismo del siglo XXI.

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