La importancia de los apellidos en la historia

Escrito por susan bolich | Traducido por martín giovana
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La importancia de los apellidos en la historia
Los apellidos nacen de diferentes contextos históricos. (Hemera Technologies/AbleStock.com/Getty Images)

En muchos países, la mayoría de las personas están acostumbradas a tener por lo menos dos nombres: un nombre personal (primero) y un apellido o apellidos. Históricamente, los apellidos han desempeñado un papel fascinante e importante en la sociedad, proporcionando señales instantáneas de antecedentes de una persona y la posición social. No todas las culturas usan apellidos; en las que lo hacen, estos sirven para ubicar a las personas dentro de una determinada familia o tribu para establecer la identidad, la credibilidad y valor social.

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Nombres desde las relaciones

En los tiempos antiguos, cuando las comunidades eran pequeñas y todos los miembros de un pueblo, clan o tribu se conocían entre sí, el apellido era innecesario para la identificación, pero a menudo se utilizaban para rastrear el linaje. En las sociedades donde el liderazgo era hereditario, los apellidos eran cruciales para poder demostrar una conexión "pura" con el rey o jefe.

Muchos apellidos denotan relaciones, por lo general al padre: los nombres anglosajones que terminan con "son" (hijo) (Williamson: Hijo de William), "Fitz" en los nombres franceses (Fitzhugh: hijo de Hugh), "nui-a" en un nombre Hawaiano masculino, "Mac" o "Mc" en los nombres de los escoceses (McKay) y los nombres de hispanos que terminan en "s" o "ez" (Hernández). Estos provienen de los intentos de distinguir un hombre con el nombre común de otro. Los nombres nórdicos suelen extender esto a las niñas: la hija de Niall (Niall's daughter) se transforma en Niallsdottir.

Nombres por las ocupaciones

En muchas culturas, algunas personas se identificaban por su trabajo: Cook, Smith, Chandler, Farmer, Wright, Mason y Marshall son sólo unos pocos nombres anglosajones que derivan de oficios. Eisenhower, o "hierro que corta" es ahora un nombre alemán famoso. Estos nombres proveyeron a extraños con una pista inmediatamente reconocible al contexto y posición social de la persona. Cuando los niños eran identificados por el oficio de su padre, surgieron los nombres tales como "Cookson" (hijo del cocinero). La práctica de hacer nombres "familiares" hereditarios evolucionó durante siglos en Europa, y de hecho fue importado allí desde China.

Nombres por ubicación

Los nombres como Atwell, Brooks y Ford o el francés Desmarais y Dupont, todos indican que algún antepasado de hace mucho tiempo habitó en relación con el pueblo propiamente dicho: "at the well" (en el pozo), "by the ford" (por el vado), "in the marsh" (en el pantano), "by the bridge" (por el puente), etc. Tales nombres servían para distinguir a las personas entre sí. Una docena de agricultores podían vivir en el pueblo, pero tal vez sólo uno vivía en una colina o al otro lado del puente. Siendo de una ciudad o país en particular también sirvió para identificar a las personas: Juan de Gante o Francisco de Asís, por ejemplo.

Nombres por los rasgos

A menudo damos apodos a las personas a causa de los rasgos distintivos, como "Red" (colorado) para un muchacho pelirrojo. A veces, esto se convertía en un apellido permanente, o por lo menos el nombre conocido en la historia, como en William Rufus (Guillermo II de Inglaterra, llamado así por su cara roja). White (blanco), Black (negro), Brown (marrón), Long (largo) y docenas de otros nombres que hablaban de la apariencia se les dio a las personas que pasaron esos nombres a sus hijos.

Nombres como escalas sociales

Los apellidos, sobre todo en Estados Unidos, a menudo se convertían en nombres que marcaron afiliaciones familiares y alianzas. Cotton Mather, el famoso juez que presidió los juicios de las brujas de Salem en Massachusetts en 1692, también estuvo relacionado con la familia Cotton (algodón). El valor de "snob" (sobrador) en los apellidos de las clases aristocráticas continúa hasta nuestros días, un remanente de tiempos cuando el nacimiento significaba más que un logro y el apellido de una persona llevaba una enorme importancia social. Esto tampoco se limitar a la cultura occidental; muchas sociedades reservaron ciertos nombres a las clases aristocráticas para distinguir a la nobleza del resto.

Otras fuentes de nombres

Los apellidos en China se crearon por ley en el 2852 A.C., tomado de un simple poema titulado "Po-Chia-Hsing" (Cien Nombres del clan). En la antigua Roma, los niños recibían hasta cuatro nombres para marcar su familia y sus logros. En África y entre ciertas tribus de indios americanos, los nombres a veces denotan el orden de nacimiento, en Hawaii, el nombre de un niño podría denotar un evento especial, y la nobleza de Hawai tenía un nombre sagrado y un nombre público. Los apellidos fuera de las culturas de derivados europeos a veces no se utilizan en absoluto, o se consideran menos importante que los nombres de personas dadas a un niño al nacer, o ganado por la maduración y los logros de sus vidas. Y a veces, como en muchas culturas asiáticas, el apellido va primero.

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