Más allá del metabolismo: las cuatro barreras para quemar grasas

Escrito por mark young | Traducido por mike tazenda
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Cómo identificar qué es lo que evita que alcances tu peso ideal

Más allá del metabolismo: las cuatro barreras para quemar grasas
RELÁJATE. La aflicción, la tristeza y la ansiedad pueden determinar cuánto comemos. (iStockPhoto.com)

Problema: barreras fisiológicas

Las barreras fisiológicas que se levantan en el camino a la pérdida de peso a menudo toman la forma de desórdenes, enfermedades, o medicaciones utilizadas para esos problemas. Por ejemplo: el síndrome de ovario poliquístico (que afecta hasta a un 10% de las mujeres jóvenes) puede hacer que perder peso sea más difícil par la mujer, incluso cuando ella no escatime esfuerzo alguno en reducir calorías y ejercitarse, debido a cambios en los perfiles hormonales. La diabetes puede aportar la preocupación de caídas drásticas en los niveles de azúcar en la sangre (para aquellos que consumen insulina) y hacer que se resistan a ejercitar. Las enfermedades cardíacas pueden hacer que sea difícil ejercitarse sin preocuparse por garantizar cierta seguridad. Y eso sin siquiera considerar que algunas medicaciones pueden de hecho llevar a ganar peso.

Solución

Primero, si tu pérdida de peso se ha estancado, debes visitar al médico para asegurarte de que no tienes algún problema que esté influyendo en tu peso. Habla con el médico acerca de medicaciones que puedan causar que ganes peso. Por ejemplo, algunas drogas asociadas con la ganancia de peso incluyen algunas formas de insulina, antipsicóticos como clozapina y olanzapina (a veces prescriptos para ayudar a conciliar el sueño), antidepresivos tricíclicos como la amitriptilina, beta bloqueantes como el atenolol y el metoprolol (a veces prescriptos para prevenir las migrañas) y glucocorticoides como la prednisona. En muchos casos, existen opciones de medicamentos disponibles que no contienen la misma droga y no interfieren con tus planes de perder peso.

Problema: barreras mecánicas

Por lejos, la barrera mecánica más común es el dolor. Éste puede ser el resultado de artritis, fibromialgia, fascitis plantar, dolor de espalda, o sólo una lesión molesta que no se va. El dolor puede limitar lo que la gente en actividad puede hacer y a veces causar depresión (la cual también contribuye a ganar peso).

Otro ejemplo común: la apnea obstructiva del sueño, que puede afectar a la gente con un leve incremento de su peso y resulta del bloqueo de las vías aéreas durante el sueño. Lo que es peor, es que puede que ni siquiera sepas que la tienes. El problema no sólo resulta en una alta presión arterial o trastornos cardíacos, sino que también puede hacer que te resulte más difícil perder peso. Un estudio reciente ha sugerido que la apnea del sueño puede limitar la respuesta ante acciones para perder peso, incluso si sigues tu plan al pie de la letra, en comparación a una persona que no padece de apnea del sueño.

Solución

Si tienes dolor de hombros, cuello o espalda y esto evita que hagas ejercicio, consulta a un profesional. Muchos fisioterapeutas y otros terapeutas pueden hacer una gran diferencia en tu nivel de dolor y hacer que vuelvas a entrenarte rápidamente.

Para problemas más crónicos como artritis, que no pueden ser aliviados por completo con medicación o terapia, considera hallar otros recursos, o gente cerca de tu área que trabaje con terapia cognitivo conductual para ayudarte a manejar mejor el dolor (y vivir con él). No eliminará el dolor, pero te ayudará a soportarlo y, con suerte, poder volver a ejercitarte.

Si no puedes perder peso y roncas mucho, te sientes soñoliento durante el día y tienes otro tipo de síntomas, debes hablar con tu médico acerca de la apnea del sueño. Obtén un diagnóstico y utiliza un dispositivo CPAP para mantener las vías aéreas abiertas a la noche, y ésto puede hacer la diferencia para que vuelvas a perder peso.

Problema: barreras financieras

Comprar proteínas magras, frutas frescas y vegetales, y otros alimentos saludables puede ser relativamente caro, especialmente para aquellos con ingresos limitados. Añade el costo de la membresía a un gimnasio, equipamiento para entrenar, un entrenador personal o un programa para perder peso, y estás frente a soluciones potencialmente muy caras.

Además con semanas laborales que exceden en mucho las 40 horas (y que son cada vez más comunes) y un enorme número de personas viajando distancias muy grandes hasta su trabajo, el tiempo también puede resultar una restricción muy fuerte para muchas personas.

Solución

Muchas de estas barreras son a menudo más un problema de percepción que un problema real. Con la gran cantidad de información acerca de rutinas de entrenamiento disponibles en internet, ir al gimnasio ya no es un requerimiento para ponerse en forma. Estudios recientes indican que rutinas más cortas y de mayor intensidad que no requieren mucho tiempo para ser completadas son igual de efectivas para perder peso.

También me sorprendió que si bien que existen muchas personas con problemas financieros serios, el problema real para la mayoría consiste en priorizar los gastos. No puedo contar el número de personas que conozco que tienen televisores de plasma enormes pero "no pueden" gastar en comprar alimentos saludables. Mi sugerencia es rastrear todos los gastos de una categoría por un mes (por ejemplo: alimentos, renta, entretenimiento) y ver a dónde va tu dinero. Más a menudo que no, encontrarás que estás gastando mal tu dinero y que debes invertirlo de manera más sabia.

Problema: barreras psicosociales

Muchos desórdenes psiquiátricos conocidos pueden impactar en tu capacidad de perder peso. El más notable, la depresión, ha sido relacionado con el aumento de peso, y el fracaso al enfrentar esta enfermedad muy seria puede potencialmente hacer que falles sistemáticamente en cualquier tipo de intento de perder peso. El déficit de desorden de atención (con o sin hiperactividad), puede desembocar en comportamiento impulsivo, también en lo que respecta a la alimentación y la actividad física, haciendo muy difícil mantener el plan incluso para la persona con más determinación. Además, los eventos estresantes o incluso traumáticos de la vida pueden tener implicaciones serias de largo plazo para la pérdida de peso. La gente a veces mantiene su peso corporal como un mecanismo subconsciente de protección contra los que pueden querer dañarlos.

Completamente separadas de las enfermedades clínicas más serias, están las barreras psicosociales que resultan de la interacción con los que nos rodean. Las normas culturales para la actividad y la ingesta, y nuestra percepción de la necesidad de cumplir con esas normas, puede ser una de las mayores barreras para perder peso. Mientras que algunos señalan el comer por estrés como una gran fuente de calorías extra, yo sugeriría que ésta es sólo una de las emociones que nos llevan a comer más. El dolor, la tristeza, la ansiedad, e incluso la felicidad pueden jugar un papel en nuestra ingesta. Las convenciones sociales también tienen un efecto muy profundo.

Considera la Navidad, el día de acción de gracias y otras festividades estacionales que pueden fácilmente justificarnos de que podemos comer más y de alguna manera salirnos con la nuestra. En muchos países existen hasta 15 festividades reconocidas, sin mencionar cumpleaños, aniversarios, funerales, bodas, graduaciones, parrilladas de verano y cenas con amigos. Probablemente no es desatinado sugerir que al menos una o dos veces por semana existe una razón por la cual podemos sentirnos justificados de comer más que lo aceptable.

A esto se suma el hecho de que durante la mayoría de estas ocasiones la actividad no sólo es limitada, sino que está mal vista. Imagínate invitando a tu familia y amigos a una caminata de navidad y a cenar un trozo de pavo con vegetales... sin salsa. Creo que puedes esperar comer solo.

Solución

Desde un punto de vista estrictamente clínico, si crees que puedes sufrir de cualquiera de los mencionados desórdenes o trastornos, consulta a tu médico para tratarlo y eliminarlo como una posible barrera frente al éxito.

Para lidiar con problemas más sociológicos, el primer paso es investigar tu ingesta de bebida y comidas. Más importante que eso, cada vez que comes, toma registro de por qué has elegido lo que comiste, y cuánto has comido.

Mientras que ésto es incómodo, creo que a menudo te darás cuenta que eliges comer ciertas cosas en ciertas ocasiones no porque tengas hambre, sino porque tienes comida disponible, porque sientes un antojo de algún tipo específico de alimento (pero no hambre real), y también por lisas y llanas convenciones sociales.

Una vez que estás al tanto de estas cosas, puedes comenzar a preguntarte antes de comer por qué estás comiendo y por qué has elegido ese alimento en particular. Enfocarte en comer principalmente por hambre verdadero te permitirá ir cortando el exceso de calorías consumidas por otras razones. Más específicamente, al escribir estas razones comenzarás a comer de manera consciente, permitiéndote administrar mejor tus opciones.

Mientras que las barreras a menudo parecen erigirse frente a tus metas, en muchas ocasiones nos permiten demostrar nuestro anhelo por lograr nuestros objetivos. Una vez que identificas tus barreras personales para perder peso, puedes romperlas y triunfar.

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