Mirar al otro es muy importante

Escrito por equipo de redacción
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Charlamos con el actor Leonardo Sbaraglia. Entérate qué le pasa al actor arriba y debajo del escenario

Mirar al otro es muy importante
Sbaraglai en la 38va entrega de los Premios Emmy, en los Estados Unidos. (Carlos Alvarez/Getty Images Entertainment/Getty Images)

"La actuación es una metáfora de la vida; un actor está interpretando a un ser humano dentro de un diseño escrito por otra persona".

— Leonardo Sbaraglia, Actor

Hace más de 20 años que lo conocemos. El primer encuentro fue gracias a la novela adolescente argentina Clave de Sol, con la que llegó a hacer 4 funciones por día de la versión teatral. Luego de que Diego se terminara –así se llamaba su personaje que quedó grabado en toda una generación- dio paso a un actor que creció sin parar: en el cine vinieron Caballos Salvajes, Cenizas del paraíso y Plata quemada, entre muchas otras. Luego de varios años de vivir en España, hoy, de regreso en Argentina, brilla en teatro, en la obra Cock, donde interpreta a un hombre gay que, en crisis con su pareja, se enamora de una mujer.

Dijiste que como actor “uno busca producir situaciones reales”…

Me refería es que uno intenta, en principio, producir situaciones que sean verosímiles, que tengan una lógica y que la pueda decodificar el espectador. Siempre pongo como ejemplo una obra que vi hace casi 15 años en el teatro San Martín de Buenos Aires, en el Festival de teatro, que llegó Peter Brook para hacer una obra basada en una novela de Oliver Sacks, sobre casos de personas con problemas neurológicos, se llamaba “The man who…”. Lo que vi arriba del escenario fue tan real, aún lo que ocurría en situaciones extremas. Sin embargo a mí me parecía estar entrando en la cabeza de ellos, de esos problemas neurológicos. O verla a Marilú Marini. Son cosas que no necesariamente tienen que ser realistas, sin embargo de una verosimilitud y una teatralidad y una lógica que me maravilla. Cada obra tiene su propio código, su propia verdad, su propia lógica que hay que descubrir.

¿Cómo entra la historia personal en esa verdad? ¿Tienes que correrla?

Está presente en el sentido de que eres un instrumento hecho por la técnica, por la experiencia, pero en ese paquete también está la experiencia de uno. En ese sentido, para comprender a los personajes, tienes que entrar. Ejemplo, Romeo y Julieta: el personaje tiene que estar enamorado de esa actriz que interpreta a Julieta.

Para uno esa actriz no es nada; quizás te parece que tiene lindos ojos, pero de ahí a tener enamoramiento… estás lejos. Pero seguramente tienes historia, en tu experiencia, en tu vida, de haberte enamorado. Entonces hay algo que se vale de esa experiencia. Esa persona no es nada pero tú sabes lo que es la experiencia del amor.

Hay algo de eso que tiene que ver con lo que uno vivió ya y debe ponerlo al servicio. Uno no hace un cálculo matemático “cuántas veces me enamoré, qué caras me vienen”. No, dejas que eso venga, confías en que es mejor que eso lo haga la imaginación. Es todo un gran caldo donde se mezcla la vida y la ficción.

Un cantante busca -y encuentra- un estilo. ¿Cuál es la búsqueda del actor en su formación? ¿Capacidad de interpretación?

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(Carlos Alvarez/Getty Images Entertainment/Getty Images)

Si tienes un solo profesor (yo tuve a Agustín Alezzo entre los 14 y 17 años) tratarás de tener como esos resultados, lo que aprendes ahí. Luego trabajé con (Carlos) Gandolfo… o Joy Morris, entonces empiezas a entender quizás eso mismo que te transmitía tu primer maestro pero desde otro lugar, con otros elementos.

Mi formación general ha sido alrededor de cierto criterio, perseguí en estos 20, 25 años un mismo asunto, que se va sofisticando y continúa desarrollándose. Pero fundamentalmente lo más importante es desarrollar el instrumento actoral de uno. Oficio, trabajo, experiencias con colegas. De ver a otros actores trabajar. Y de las necesidades de cada lenguaje, porque muchas veces te encuentras con un director que te trasmite de una manera musical, y otro te habla en un lenguaje más cercano, que tiene que ver con la acción, la intención y el objetivo del personaje.

Lo que yo busco y hago tiene que ver con un criterio basado en un cuerpo relajado, en tener procesos reales arriba del escenario, de emociones, movimientos y pensamientos que se generan ahí mismo, no son prefabricados. Tratar de vivir eso que está ocurriendo como si en ese momento fuese parte de un moviendo orgánico y vital de la vida. Y creo mucho en la concentración, en el contacto con el compañero, depender mucho del otro, lo que está dando el otro. Estar atento al otro, es la premisa, porque aparte eso se parece más a la vida. Uno en la vida está pendiente de uno y tiene momentos reflexivos pero todo el tiempo está en una interrelación con otra persona y con objetos que están cargados para uno. Desde una mesita de luz, hasta la cama, las sábanas, tu pareja, el ambiente que uno creó, que le dio forma. Ese lugar donde uno se siente cómodo.

Todo tiene que ver con el afuera. Y es una metáfora de la vida; un actor está interpretando a un ser humano dentro de un diseño escrito por otra persona. El actor debe saber bien de qué manera ocuparse acerca de qué quiso contar el autor para saber qué tiene que actuar.

¿Dirigirías?

Aún no tuve la necesidad concreta, tuve el deseo, pero el día a día no me ha llevado hacia ahí. Aún tengo muchas necesidades actorales.

En algunas entrevistas dijiste que estabas más tiempo en Madrid que en Buenos Aires pero con la cabeza en Argentina ¿Cómo se vive un exilio buscado?

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Leonardo Sbaraglia junto con Daniel Bruhl en los Premios Goya de Madrid. (Carlos Alvarez/Getty Images Entertainment/Getty Images)

Fue muy rico e interesante, poder escribir una historia en un lugar donde no creías que lo harías, vivir una vida en un lugar nuevo. Fue muy lindo para mí, le perdí el miedo a muchas cosas. Yo iba a Argentina cuidando mucho el no equivocarme, porque me iba bien, porque era “el actor serio”; allá (España) como eso no lo tenía, relajé. Y me di el permiso para hacer muchas cosas desde otro lugar. El español tiene una personalidad muy diferente al argentino, hay más simpleza en el trato: al pan, pan y al vino, vino. El argentino es más vueltero. Y esa cosa tan directa te desarma. Y te reís. Hay algo de eso que se contagia. Y aprendes de ese no enrosque y también extrañas un poco el enrosque argentino. Extrañaba las charlas de café, juntarse a hablar. Tengo amigos entrañables de España. Como Juan Carlos Fresnadillo, Antonio Hernández. Gente que quiero mucho que formaba parte de mi vida cotidiana.

“Desde mi postura tímida, contra fóbica, me ponía de novio, para protegerme de la locura”, así te referías a las fans cuando eras adolescente.

¡Hacía eso, sí! No es que era extremadamente tímido, pero tampoco extrovertido.

¿Qué cosa no entendiste aún a los 42 años?

[Piensa] Creo que puedo aprender muchas cosas, soy un tipo de mirar muy para adelante; lo que viene siempre estará mejor. Pienso que voy a vivir 50, 60 años más [Sonríe].

¿Le tienes miedo a la muerte?

¿Al cajón? No, para nada. Pero se siente el paso del tiempo…

¿Qué sabes hacer muy bien que no nos enteramos aún?

Uy, déjame pensar…bueno, lo de ventrílocuo es como que ya lo saben. Pasa que como actor uno debe aprender muchas cosas. Pero le hago el mejor tostado a mi hija. Y soy muy bueno haciendo masajes. ¡También hago una torta de queso que me sale como a nadie!

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