Los nombres de las drogas opiáceas

Escrito por linka griswold | Traducido por paula santa cruz
Los nombres de las drogas opiáceas

No todos los opiáceos son creados de la misma manera.

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La palabra "narcótico" se utiliza a menudo para describir las drogas opiáceas o sus derivados. En ocasiones, esta palabra ha sido utilizada erróneamente e indistintamente para nombrar drogas de otras clases o categorías. Según el libro de texto del año 2002 "Drugs, Medicine and Modern Society" (Drogas, medicina y sociedad moderna) de C.F. Levinthal, los opiáceos u opioides constituyen los ingredientes presentes en la planta de opio o sus derivados, como el néctar de la amapola desecada, de donde provienen los químicos que producen efectos analgésicos y euforizantes . Estas drogas se agrupan normalmente en la categoría de analgésicos opiáceos; siendo utilizadas las dos palabras indistintamente. En los ámbitos clínicos, los opiáceos administrados con fines médicos son llamados narcóticos de venta bajo receta. Según un estudio de 2009 del Instituto Nacional de Abuso de Drogas (NIDA, según sus siglas en inglés) hay tres subcategorías dentro de la categoría de narcóticos opiáceos.

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Farmacología de los opiáceos sintéticos

El opio sirve como base para otras tres categorías: morfina, codeína y tebaína. Los derivados del opio son los siguientes en la jerarquía, con la heroína, la hidromorfona y la oximorfina derivada de la morfina. La codeína no tiene derivados, mientras que los derivados de la tebaína son el fentanilo, la oxicodona y la etorfina. Los opiáceos sintéticos son la metadona, la meperidina, el propoxifeno y el LAAM. Según Levinthal, la morfina, por ejemplo, es utilizada a menudo en el manejo del dolor intenso pre y post-quirúrgico, para el alivio de la diarrea aguda y como supresor de la tos. Los opiáceos sintéticos actúan como poderosos agonistas de los receptores opiáceos endógenos. Agonistas son las drogas que imitan y ocupan los sitios receptores de los neurotransmisores endógenos naturales. Por ejemplo, las moléculas de heroína se unen fuertemente a los receptores de las endorfinas, dice J.P. Pinel en el libro "Byopsichology" (Biopsicología) del año 2009.

Metadona

En "Heroin" (Heroína), una publicación del año 2008 de H. Fernandez, el autor examina los orígenes y el uso corriente de la metadona. La metadona es un opiáceo sintético fabricado por primera vez por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Sus moléculas se unen a los mismos receptores que la morfina, pero tiene mayor vida media que ésta y efectos analgésicos más duraderos. Debido a su alta eficacia como agonista opiáceo, la metadona es administrada regularmente como narcótico de reemplazo en individuos que están haciendo un tratamiento de recuperación de la heroína. Reduce las ansias de droga a la vez que ejerce sus efectos analgésicos y simultáneamente bloquea los efectos de la heroína en el caso de que el paciente tenga una recaída. El uso de este medicamento en los programas de recuperación de adictos a los narcóticos comenzó a principios de la década de 1960 y se ha convertido en la base de los tratamientos para los adictos a la heroína. Por otro lado, los críticos de la metadona plantean que sólo sirve como sustituto de la heroína. Los programas que requieren la internación del paciente, incluyen tratamientos con antagonistas opiáceos como la naltrexona o agonistas parciales como la buprenorfina; técnicas que permiten un proceso de retirada más confortable y seguro.

Opiáceos naturales

En su libro "Essential Psychopharmacology: Neuroscientific Basis and Application" (Psicofarmacología básica: bases neurocientíficas y aplicación), S.M. Stahl hace una reseña de la bioquímica existente entre el cerebro y los opiáceos. El cerebro humano produce sus propias variantes y tipos de sustancias similares a los opiáceos endógenos, a veces llamadas "morfinas cerebrales". Estas sustancias, conocidas como péptidos, pueden inducir una acción natural o endógena similar a los opiáceos a través del proceso de neurotransmisión. En 1967, R.J. Martin publicó sus hallazgos en el "Journal of Neurophysiology" (Revista de Neurofisiología). En su artículo "Influencia de los caminos de la médula espinal ventrolateral y dorsolateral sobre la nocicepción talámica en el gato", Martin planteó una hipótesis, la probó y publicó la evidencia de la existencia de múltiples receptores opiáceos. Observó respuestas de actividad neuronal similar producto de la administración de varios tipos de opiáceos. Consecuentemente, Martin descubrió que los diferentes opiáceos estimulan diferentes receptores. En las series de monografías de NIDA de 1986, los investigadores N.M. Lee y H. Landhal publicaron su trabajo titulado "Subtipos de receptores opiáceos y funciones cerebrales". Ellos describieron los péptidos naturales o opiáceos endógenos, y los clasificaron en tres grupos diferentes: 1. β – endorfinas y péptidos relacionados 2. encefalinas y dinorfina 3. α-neo-endorfinas

Agonistas opiáceos

Los agonistas son drogas que imitan los efectos de una droga en particular. Por ejemplo, la heroína imita las moléculas que deberían unirse a los receptores opiáceos naturales o endógenos. En su artículo del año 1995, "Revisión de los efectos de los opiáceos sobre el funcionamiento cognitivo y psicomotor en los humanos" J.P. Zacny examina drogas clasificadas como "agonistas similares a la morfina". Estas drogas son "morfina, hidromorfina, heroína, meperidina, fentanilo, alfentanilo y metadona; así como los agonistas parciales como codeína, oxicodona, dihidrocoideína, destropropoxifeno, meptazinol, dipipanone, dezocine, papaverertum"; Zachny también identificó agonistas/antagonistas mixtos como buprenorfina, pentazocine, butorfanol y nalbufina.

Usos clínicos de los opiáceos

Los opiáceos, ya sean naturales o sintéticos, son considerados como potencialmente adictivos. La tolerancia y la dependencia pueden ser alcanzadas fácilmente, y en forma rápida. Los receptores cerebrales opiáceos se adaptan rápidamente a las moléculas de las drogas, dando como resultado la necesidad de dosis más altas y un aumento de la frecuencia de las mismas. Tanto en los pacientes que los utilizan como tratamiento del dolor o los que los utilizan con fines recreativos, la larga vida media de la mayoría de los opiáceos hace que el umbral entre lo que el cuerpo puede tolerar y lo que produce toxicidad no sea claro. El nivel estable de droga es variable para cada individuo. Sin embargo, la respuesta de una persona a la dosis de mantenimiento puede variar con la aparición y el curso de otros problemas de salud. Estas drogas tienen un alto potencial adictivo y el abuso de ellas se ha correlacionado con disfunciones neurocognitivas graves. Los peligros asociados a los opiáceos deben ser monitoreados detalladamente por un médico en forma semanal.

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