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Simbolismo incrustado en las primeras obras de Paul Gauguin

Escrito por martha mendenhall | Traducido por gabriel guevara
Simbolismo incrustado en las primeras obras de Paul Gauguin

Antes de las pinturas legendarias de los Tahitianos de Gauguin, él creó sus primeros trabajos simbolistas en Francia.

Getty Images/Getty Images Entertainment/Getty Images

A principios de los 1880, cuando estaba en sus treintas, Paul Gauguin decidió dedicarse a pintar a tiempo completo. Después de algunos primeros trabajos que emulaban el estilo de artistas como Corot y los impresionistas, en 1886 él se alejó de copiar a otros artistas. Durante este tiempo de pivote, al inicio de su carrera de pintura, Gauguin comenzó a desarrollar su estilo característico: un estilo lleno de bloques de color brillante que luego se conoció como simbolismo.

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"La Visión Después del Sermón, Jacob Luchando con el Ángel" (1888)

Una de las primeras pinturas simbólcas de Gauguin, ""La Visión Después del Sermón" presenta a un grupo de mujeres Breton mirando a un hombre luchar contra un ángel. En sus primeros trabajos, como este, Gauguin crea una conexión simbólica entre la emoción y el color. En este caso, colores vivos y vibrantes, representando la pureza y la divinidad, son colocados contra colores oscuros y lavados, representando la imperfección terrenal del hombre. El color también funciona simbólicamente como elemento separador. Las mujeres y el luchador están encastrados en imágenes oscuras de un negro rígido y blanco, contrastados contra el campo de pelea en un rojo brillante y el ángel en un azul brillante y un amarillo vibrante. Las personas comunes, en esta imagen, son de colores simples y lavados, mientras que el terreno místico y significante y el ángel vibran con colores brillantes.

“Arlesiennes (Mistral)” (1888)

Gauguin pasó parte de finales de los 1880, los años formativos de sus trabajos simbolistas, viviendo y trabajando con Vincent Van Gogh en Arles. Ambos estaban experimentando con el valor simbólico de la composición y el color. Mientras vivía ahí, Gauguin pintó “Arlesiennes (Mistral)”. Esta pintura documenta el uso de Gauguin de la composición (la colocación de los objetos en la pintura) como un dispositivo simbólico. Él recreó la escena fuera de la casa que compartía con Van Gogh, alterando y simplificando los detalles para crear una versión abstracta y simbólica del lugar. Pilas de heno se convirtieron en conos amarillos y las mujeres en la imagen están protegidas simbólicamente del mistral o viendo que se acerca por la torre de arbusto y la cerca roja brillante frente a ellas.

"Auto-Retrato con un halo" (1889)

Para 1889, en "Auto-Retrato con un halo", El uso del color de Gauguin como un símbolo se había extendido para convertirse en una representación externa de los estados emocionales internos. Esta pintura no parece estar localizada en ningún lugar específico, sino que está contra a un fondo claramente dividido entre el amarillo y el rojo. El contraste de estos dos colores representa el conflicto interno de Gauguin entre el bien y el mal y la vida y la muerte. El dilema religioso sugerido por este conflicto es exhibido aun más por la colocación de un halo sobre la cabeza de Gauguin, mientras que al mismo tiempo sostiene una serpiente, símbolo del diablo en el Jardín del Edén Bíblico. El jardín está más simbolizado por las manzanas que cuelgan de una rama en la imagen.

"El Cristo amarillo" (1889)

Esta pintura es notoria por la incongruencia de la colocación del Cristo crucificado en un paisaje Breton muy realista, llorado por mujeres en vestidos Breton tradicionales agrupadas debajo de la cruz. Aunque el Cristo está mostrado en un tono amarillo que causa que se mezcle con las colinas amarillas en el fondo, las mujeres que se arrodillan son figuras estoicas en blanco y negro. Pintando la figura del Cristo como una figura amarilla de apariencia casi enfermiza que se asemeja al paisaje, Gauguin despoja a la crucifixión de su romanticismo, la repetición del color entre el Cristo y el paisaje causan que el observador reconsidere esta imagen pintada tan frecuentemente bajo una luz nueva y emocionalmente inquietante. Esta innovación parece estar perdida en las mujeres convencionales en la pintura, cuyas imágenes estáticas en blanco y negro simbolizan la percepción inmutable de la religión Cristiana convencional.

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