Salud

Síntomas de los pólipos intestinales

Escrito por dana severson | Traducido por valeria d'ambrosio
Síntomas de los pólipos intestinales

Model of a body of the person image by Kitti from Fotolia.com

Un pólipo es simplemente un cúmulo de células que sobresale a través de la pared de un órgano. Los pólipos intestinales, también conocidos como pólipos de colon, son protuberancias que se forman a lo largo del revestimiento del intestino grueso. La diferencia clave entre estos pólipos y los que se pueden formar en otras partes del cuerpo radica en que los pólipos intestinales pueden convertirse en cancerosos. Cuando alguien los desarrolla en su intestino, puede padecer diferentes tipos de síntomas.

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Ausencia de síntomas

Muchas personas no presentan síntomas de pólipos intestinales. Esto se debe, en gran medida, al tamaño y la formación de las protuberancias. Cuando son relativamente pequeños, del tamaño de un guisante, no afectarán el funcionamiento normal del intestino grueso, por lo que se aconseja que los pacientes de mayor edad se sometan a exámenes regulares.

Hemorragia

En algunos pacientes, los pólipos intestinales pueden causar hemorragia rectal. A medida que aumentan su tamaño, pueden romperse, lo que da lugar a la formación de una ampolla. Cuando estas ampollas sangran, el paciente puede encontrar rastros de sangre en la ropa interior o en el papel higiénico.

Cambios en las heces

También es probable que los pólipos intestinales cambien la apariencia de las heces. Cuando los pólipos se convierten en ampollas ulcerosas, las heces que salen del organismo pueden mezclarse con sangre. Con la suficiente cantidad de sangre, las heces pueden tomar un color relativamente oscuro y alquitranado o tener vetas de sangre. También se pueden encontrar rastros de mucosidad.

Diarrea

En algunos pacientes, un pólipo intestinal puede generar una diarrea periódica. A medida que el pólipo se forma, puede perturbar los movimientos sistemáticos del colon. Por lo general, los músculos se contraen y relajan de manera rítmica, moviendo las heces a través del tracto. En este momento se absorbe el líquido. Sin embargo, si las contracciones son más largas y frecuentes, las heces pasan a un ritmo acelerado. Cuánto más rápido se mueven, menos líquido se absorbe, lo que causa la diarrea.

Estreñimiento

En otros pacientes, el mismo problema puede dar lugar al estreñimiento. Básicamente, este proceso es la cara opuesta de la diarrea donde las contracciones, en lugar de ser largas y frecuentes, son cortas e irregulares. Debido a que el intestino grueso trabaja de manera relajada, las heces se mueven lentamente, lo que produce una mayor absorción de líquidos. Esto endurece las heces y dificulta su traslado.

Dolor

También es común que los pólipos intestinales causen dolor. Este malestar suele estar relacionado con un calambre que ocurre dentro de las paredes del intestino delgado. Cuando los músculos hacen un gran esfuerzo para contraerse, como se aprecia en los casos de diarrea y estreñimiento, las fibras sufren de espasmos. Estos espasmos no dejan que el músculo se relaje, los que produce un calambre que provoca dolor.

Náuseas

Si bien no es tan común como los otros síntomas, también es posible que el paciente padezca náuseas, en especial, si los pólipos intestinales son de gran tamaño. Cuando los pólipos crecen demasiado pueden causar una obstrucción que, en algunas personas, provoca náuseas. Si las náuseas son muy intensas, pueden dar lugar a vómitos.

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