Teoría psicológica sobre los cinco sentidos humanos

Escrito por joeel r | Traducido por alejandro moreno
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Teoría psicológica sobre los cinco sentidos humanos
Todo lo que perciben nuestros sentidos es interpretado por el cerebro. (Jupiterimages/Photos.com/Getty Images)

Nuestros cinco sentidos son una conexión con el mundo externo. Mandan señales a nuestro cerebro, que interpreta los mensajes y percibe lo que hay alrededor de nosotros. La mayoría de la información que nuestros sentidos perciben nunca es reconocida por nuestro cerebro. Nuestras experiencias, creencias y cultura influyen en lo que notamos de los miles de estímulos que nuestros sentidos están recibiendo. Nuestro cerebro utiliza la información que reúne a través de nuestros cinco sentidos, interpreta y percibe el mundo que nos rodea, creando nuestra experiencia de vida.

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La vista

Lo que vemos no son objetos; vemos las ondas de luz reflejadas por los objetos. Una vez que las ondas de luz llegan a la retina en la parte posterior del ojo, las células llamadas conos y bastones convierten las ondas en impulsos nerviosos que viajan a través del nervio óptico hacia el cerebro. Para que podamos ver, nuestro cerebro tiene que interpretar los mensajes que vienen de los ojos. Nuestra percepción depende de las asociaciones entre las imágenes y los recuerdos en nuestro cerebro. Hay momentos en los que nuestros ojos ven algo delante de nosotros, pero nuestro cerebro no lo reconoce porque no hay una referencia de que esté ahí.

El oído

Lo que escuchamos son realmente vibraciones creadas por el movimiento. Estas ondas viajan a través del oído a la coclea, donde 16,000 pelos (células receptoras) mandan señales al cerebro. Al igual que con la vista, el cerebro interpreta la frecuencia de las vibraciones y la compara con los recuerdos, percibiendo el sonido que reconocemos. Nuestros oídos recogen miles de sonidos, sin embargo nuestro cerebro selecciona sólo los más relevantes para la situación para que podamos escuchar. Escuchar depende en gran medida de la visión. Por ejemplo, ver la cara de quien habla aumenta la cantidad que oímos.

El gusto

Cuando comemos, las sustancias químicas se disuelven con nuestra saliva, la cual estimula nuestro sentido del gusto. Los receptores del gusto, o papilas gustativas, son las responsables de reconocer los cuatro sentidos del gusto: dulce, agrio, salado y amargo. Las protuberancias que vemos se llaman papilas y contienen múltiples papilas gustativas (10,000 en total). La información es enviada por diversos nervios al cerebro (el tálamo y finalmente a la corteza), donde se reconoce el sabor, ya sea agradable o desagradable. Curiosamente, nuestro humor puede afectar nuestro sentido del gusto, explicando varios cambios de apetito asociados con los trastornos de humor. Al igual que con la vista y el oído, el gusto depende del olfato. Si no puedes oler, como cuando tienes congestionados los senos nasales, la comida te sabrá insípida. El cerebro utiliza señales de los ojos, nariz y boca cuando comemos, así que cuando alguna de estas señales falta, nuestro cerebro puede tener dificultades para diferenciar lo que estás comiendo.

El olfato

Al respirar por la nariz, los receptores olfativos son estimulados por las moléculas químicas suspendidas en el aire, y los mensajes se envían al bulbo olfatorio en la base del cerebro. El olfato es el sentido que está más ligado con la memoria. Por ejemplo, el olor a pastel de manzana puede desencadenar un recuerdo feliz de la infancia. De hecho, sentir el olor mientras se experimenta algo, ayuda a que recuerdos recientes se registren en la memoria permanente.

El tacto

La piel tiene tres capas, la epidermis, dermis y la hipodermis, compuestas de millones de receptores sensoriales. Una vez estimulados por el tacto, estos receptores activan impulsos nerviosos que comunican con la corteza somatosensorial del cerebro, transmitiendo la información acerca de la temperatura, presión y dolor. Los receptores sensoriales codifican información de todo con lo que la piel entra en contacto. Neurotransmisores, o sustancias químicas, se liberan en nuestro cuerpo, dando las sensaciones o sentimientos. El sentido del tacto es tan importante para las personas que su falta puede provocar problemas físicos o de comportamiento, el desarrollo inadecuado del cerebro, e incluso la muerte.

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