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Cómo alcanzar el Nirvana

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Introducción

El Nirvana (palabra sánscrita) es el nombre con el cual se denomina en ciertas religiones de Oriente al momento en que el hombre extingue sus deseos materiales. Se refiere a él como un estado de purificación en el que uno está más allá del mundo físico y puede experimentar cierta unión con el universo. En el caso del budismo, el Nirvana se alcanza a través de una meditación muy profunda, conociendo primero las "cuatro nobles verdades" y poniendo en práctica el llamado "camino de los ocho pasos".

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Siddhartha Gautama

Siddhartha Gautama fue el fundador el budismo. Era hijo de un gobernador; conoció las penas del mundo muy joven y por ello buscó una manera para que el hombre pueda evadir el sufrimiento y el dolor. Así, encontró las Cuatro Nobles Verdades y el camino de los ocho pasos, tratando de difundir aquellas medidas al resto de personas para que estas puedan vivir una vida sin sufrimiento ni penalidades.

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Las cuatro nobles verdades

La Primera Noble Verdad es que el mundo está lleno de dolor y sufrimiento desde que nacemos hasta que morimos. La Segunda Noble Verdad es que el dolor y el sufrimiento son causados por el deseo y la codicia de placer, pues uno ve constantemente frustrados o insatisfechos sus deseos. La Tercera Noble Verdad es que la única manera de librarse del dolor y el sufrimiento es librándose también del deseo. Y por último, la Cuarta Noble Verdad es eliminar todo deseo siguiendo el Camino de los Ocho Pasos.

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El conocimiento correcto

El primero de los ocho pasos para alcanzar el Nirvana es el conocimiento correcto. Se deben conocer y aceptar las Cuatro Nobles Verdades y de esa manera tener una perspectiva recta de la vida: mientras sintamos deseo y codicia seguiremos experimentando dolor y sufrimiento, pues unos son inherentes a los otros.

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La determinación correcta

Después de aceptar las Cuatro Nobles Verdades, el segundo de los ocho pasos es tener determinación e intención correcta. Es decir, que se debe evitar toda clase de deseos similares a la crueldad, la amargura y la lujuria. La persona que tiene determinación recta tiene buenas intenciones y nunca daña a otra criatura viviente en el mundo.

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La palabra correcta

El tercero de los ocho pasos es la palabra correcta: uno debe decir sólo la verdad, y evitar todo tipo de calumnia, difamación, mentira o conversación inútil. A este nivel ya se trata no sólo de lo que hay dentro de uno, sino también de aquello que sale de la persona y aquello que ella produce al mundo.

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La conducta correcta

El cuarto paso es tener una conducta y un comportamiento correcto, es decir, teniendo una vida correcta, sin inmoralidades ni malas intenciones. La persona que tiene una vida correcta no debe cometer inmoralidad sexual, matar ni robar. A este nivel de los ocho pasos, se trata de aquello que la persona produce hacia el mundo en forma de actos, ya no sólo palabras.

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La ocupación correcta

El quinto paso es tener una ocupación correcta. La persona que tiene una ocupación o sustento correcto no se dedica a cosas que perjudiquen a otros seres. Por ejemplo, alguien que es militar o carnicero, por más que no sea mala persona, su oficio o profesión perjudica a personas y animales, respectivamente.

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El esfuerzo correcto

El sexto de los pasos es el esfuerzo correcto. Se debe ser legal y no hacer trampas para conseguir un objetivo. Asimismo, debe hacerse lo posible por eliminar todas las cosas malas de uno mismo y tratar de conseguir o mejorar las cualidades y virtudes, creciendo y madurando espiritualmente en la vida.

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La contemplación correcta

El séptimo de los ocho pasos es la contemplación correcta. Uno debe tener una actitud observadora y contemplativa ante el mundo y la naturaleza, libre de toda aflicción o deseo que pueda ocasionarnos frustración o sufrimiento. Asimismo, ser humildes y saber el lugar que ocupa uno en el universo: ni más ni menos.

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La meditación correcta

Finalmente, el último de los ocho pasos es la concentración o meditación correcta. Meditando podremos ordenar nuestro espíritu y también podremos controlar todo principio de deseo y toda sensación tanto de dolor como de placer. Alcanzando un estado profundo de meditación podremos mejorar también nuestra vida, consiguiendo que las penas y sufrimiento a las que estamos expuestos en el mundo no entren en el espacio de nuestro ser.