Cómo disciplinar el comportamiento agresivo

Escrito por mekeisha madden toby | Traducido por bety piña
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No quieres fallar la prueba de mal comportamiento de tu hijo

Cómo disciplinar el comportamiento agresivo
Disciplinar a un niño agresivo requiere de calma y castigos consistentes. (BananaStock/BananaStock/Getty Images)

Es recomendable reservar los grandes castigos (tiempos fuera, tiempo sin televisión, etc.) para los grandes crímenes. De esta manera tienen más impacto. A veces, un niño en edad preescolar sólo necesita un abrazo y un minuto para respirar.

— Allison Kawa, una psicóloga infantil y especialista en autismo con sede en Los Ángeles.

James Charles Roberson es un encanto. Al pequeño de tres años de edad, originario de Dallas, Texas, le encanta dibujar insectos, jugar con camiones de juguete y consentir a su hermana pequeña Audrey. Pero él es humano y eso significa que pone a prueba a sus padres con su desobediencia de vez en cuando. Cuando esto sucede, Takisha y Jason Roberson tranquilamente le dicen que no aprueban su conducta y le dan una advertencia. Si desobedece una vez más, tiene que tomar un tiempo fuera. “Es un desafío a veces porque él lucha en contra del tiempo fuera, pero somos persistentes", dijo Takisha Roberson. "Él entiende que no estamos jugando y tiene que sentarse y esperar". Los Roberson, como todos los padres, han tenido que buscar maneras personales y efectivas para enseñarle a su hijo lo que está bien y lo que está mal. Esto es particularmente importante cuando el niño está entre las edades de entre dos y cinco años. Ahí es cuando las personalidades y hábitos, así como el autocontrol, empiezan a evolucionar.

Técnicas disciplinarias

Cuando los niños comienzan a mostrar un comportamiento agresivo, los padres deben tratar de comprender por qué el niño se está portando mal. Sin embargo, los padres deben establecer una rutina disciplinaria para que el niño entienda que ha hecho algo mal.

Los Roberson tomaron un ejemplo de Jo "Súper niñera" Frost y adaptaron sus castigos a su hijo James Charles de acuerdo a su edad. Como él tiene tres años de edad, los tiempos fuera son de tres minutos.

"Cuando el tiempo fuera se ha completado, le recordamos qué fue lo que hizo para llegar ahí ", dice Takisha Roberson. "Él tiene que pedir disculpas sinceramente, y recibe un abrazo si lo hace. No queremos que capte el mensaje de que será amado si se porta mal".

Si el estilo de disciplina de los Roberson suena mal para ti y tu hijo, está bien. Lo más importante es que el niño crezca y aprenda de sus errores. Lo mismo aplica para mamá y papá.

"El primer paso es que los padres respiren profundo ", dice Allison Kawa, una psicóloga infantil y especialista en autismo con sede en Los Ángeles. Los niños nerviosos y molestos necesitan que sus padres se mantengan juntos y en calma.

"Los padres tienen que experimentar para encontrar un castigo relacionado con algo que le guste al niño lo suficiente, para que tenga un impacto sin ser demasiado fuerte”.

Kawa dice que los tiempos fuera y la pérdida de privilegios funcionan.

“Es recomendable reservar los grandes castigos (tiempos fuera, tiempo sin televisión, etc.) para los grandes crímenes. De esta manera tienen más impacto. A veces, un niño en edad preescolar sólo necesita un abrazo y un minuto para respirar”.

Karen J. Abraham, una madre y maestra de Nueva Jersey, está de acuerdo con lo que señala Educación con Cariño Internacional. Ésta se basa principalmente en técnicas de crianza amable a través de la comunicación y la redirección.

"Tengo muy malos recuerdos de cómo los tiempos de espera me hicieron sentir cuando era un niña, sentir que a nadie le importaba escuchar mi versión de los hechos", dijo Abraham, cuyo hijo Silas cumple 2 años en julio. "Esto no es propicio para conseguir que el niño maneje sus sentimientos de una manera socialmente aceptable".

Mientras tanto, Craig Morgan, un periodista deportivo con sede en Gilbert, Arizona, y su esposa combinan la redirección y los tiempos fuera para disciplinar a sus hijas Erin de 6 y Carling de 4 años de edad.

"Por lo general, le preguntamos a nuestras hijas qué hicieron mal, por qué estuvo mal, y luego hacemos que nos digan cómo debieron haber manejado la situación”, dijo Morgan.

Morgan dijo que él y su esposa no creen en las palizas, pero sí creen en ser firmes. "Hay demasiada educación indulgente y demasiados mimos, por lo que criamos una generación de niños sin disciplina adecuada", dijo.

El problema real

El comportamiento agresivo en los niños pequeños casi siempre indica un problema mayor. Muchos pequeños no son capaces de expresar verbalmente lo que está mal, por lo que se comportan mal.

"A veces es porque el niño necesita un poco más de atención", dijo Takisha Roberson. "Los niños se sienten frustrados y estafados cuando un nuevo hermano nace o un padre está ausente por el trabajo, por ejemplo".

Benjamin Garber es un psicólogo con licencia en New Hampshire y autor de varios libros, incluyendo "Quitar a los niños de en medio: educación centrada en los niños, en medio de un conflicto, separación y divorcio (Keeping Kids Out of the Middle: Child-Centered Parenting in the Midst of Conflict, Separation and Divorce)”. Dice que los padres tienen que prestar atención para llegar al origen de la desobediencia de sus hijos.

"Nuestro trabajo como buenos padres es leer las señales verbales y no verbales de nuestros hijos a una edad temprana", dijo Garber, felizmente casado y padre de dos, y dueño del sitio web healthyparent.com. "Tenemos que responder con calma y de manera consistente, y enseñarles que sus emociones fuertes son manejables simplemente cuando las toleramos nosotros mismos".

Kawa añade que la desobediencia es normal, pero la desobediencia excesiva podría ser un indicio de trastorno de hiperactividad y déficit de atención. Si sospechas que es esto último, ella sugiere que examines a tu hijo.

Cambiar el comportamiento agresivo

Garber dice que es natural que los niños se enojen, cualquiera sea la causa. Y es antinatural que los padres supriman ese enojo.

"Muchos de nosotros consideramos a la ira amenazante y peligrosa", dijo. "Desperdiciamos una gran cantidad de energía corrigiendo a nuestros hijos, diciéndoles lo que no es correcto hacer cuando estás enojado”.

"Es aún más importante enseñar a nuestros hijos qué está bien hacer cuando te enojas, como golpear una almohada o gritar en una jarra de leche vacía".

Kawa dice que dar opciones a los niños también es efectivo. "Si un niño no quiere compartir sus camiones de juguete, los padres pueden decirle: "Necesitamos que compartas un juguete. Elige cuál quieres compartir".

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