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Diez desventajas de vivir en una comunidad cerrada

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Introducción

Las comunidades cerradas han proliferado desde comienzos de los años 90. El aumento de la inseguridad y de la violencia urbana contribuyó a que cada vez más gente se decidiera por vivir en complejos privados de la periferia. El deseo de un entorno exclusivo y próximo a la naturaleza fue otro factor determinante. Las clases medias y altas eligieron este nuevo estilo de vida, que afirmaba su estatus social y creaba un espacio diferenciado. Pero antes de decidirte por una de estas zonas, conviene que tengas en cuenta los pros y los contras.

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Aislamiento cultural

Residir lejos de la ciudad dificulta el acceso a las instituciones culturales. El placer de ir caminando a museos y bibliotecas o visitar una exposición que solo dura un día, no parece compatible con esta forma de vida. Salir a cenar o al teatro puede complicarse cuando se vive en lugares retirados, por lo que hay una tendencia a pasar más tiempo en casa. Las actividades lúdicas necesitan ser programada con antelación, sobre todo si sólo se dispone de un coche en la familia.

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Salud y seguridad

Cuando se sufre un ataque cardíaco o un simple accidente casero, el tiempo empleado en llegar a un hospital puede resultar decisivo. Las ambulancias suelen demorarse mucho en acudir a comunidades cerradas, especialmente en zonas agrícolas. Por el contrario, apenas tardan unos minutos en áreas metropolitanas. Lo mismo sucede en caso de robo o agresión. Cuando la policía rural llega al lugar de los hechos a veces es demasiado tarde.

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Limitación profesional

La oferta laboral suele ser muy reducida en comunidades pequeñas, frente a las miles de oportunidades que ofrece la ciudad. Las profesiones especializadas y las carreras artísticas suelen estar disponibles sólo en grandes urbes y la distancia dificulta la incorporación de los profesionales. A veces tienes que recorrer largas distancias para llegar al puesto de trabajo, lo que se traduce en una reducción del tiempo de ocio y de descanso.

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Falta de privacidad

Las comunidades rurales incluyen por lo general a un conjunto de familias que se conocen entre sí. En los núcleos pequeños los vecinos suelen estar pendientes de lo que hacen los demás, lo que puede llegar a ser muy incómodo. La privacidad es un derecho mucho más respetado en las ciudades, donde las casas y departamentos se construyen con idea de preservar la independencia. Algo muy parecido sucede con los espacios públicos.

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Segregación social

A menudo los barrios cerrados sirven de frontera entre dos clases sociales. En muchos países la clase media se ha polarizado en dos grupos: clase baja y clase alta. La construcción de urbanizaciones privadas junto a poblaciones de bajo nivel constituye un auténtico fenómeno socio-espacial. Pese a su vecindad, estos dos sectores sufren un marcado antagonismo. La desconfianza más el prejuicio son sentimientos mutuos y la interrelación resulta inviable. Los más humildes utilizan los antiguos espacios comunes, como escuelas, iglesias y plazas, mientras que los habitantes del medio cerrado cuentan con establecimientos propios.

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Escasez de servicios

Los complejos habitacionales aislados suelen contar con una buena infraestructura de carreteras, lo que garantiza desplazamientos rápidos. La contrapartida es un gasto significativo en combustible y la obligatoriedad de disponer de un vehículo. En economías reducidas esto ocasiona un aumento de gastos fijos como los seguros, peajes e impuestos de circulación. Los medios de transporte públicos no son una buena alternativa, pues en la mayoría de los casos no llegan hasta las urbanizaciones o lo hacen con una frecuencia muy baja.

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Mayor gasto de comunidad

Las urbanizaciones privadas cuentan con un amplio repertorio de servicios con elevados costos. La cuota de comunidad que pagan los vecinos es mucho más alta que la de un bloque tradicional de viviendas. La cuantía del pago dependerá del número y las características de las instalaciones comunes (piscina, pista de tenis, club social). Los servicios que requieren contratar personal, tales como jardinería, limpieza o vigilancia, encarecen notablemente la cuota.

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Problemas con la construcción

El auge inmobiliario de las últimas décadas propició la diversificación de viviendas, favoreciendo los núcleos residenciales. Pero buen número de constructoras han basado su negocio en cálculos especulativos, impulsando la vivienda de edificación rápida y calidad dudosa. Las casas pareadas son un buen ejemplo de este caso. Uno de los principales problemas de este tipo de vivienda son los fallos estructurales, que suponen un gasto extra para los compradores. Goteras, grietas, filtraciones o escasas infraestructuras son los defectos más comunes.

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Movilidad reducida y retrasos

Si resides en áreas periféricas tendrás que invertir un tiempo mayor en planificar las actividades diarias. Llegar puntualmente al trabajo o a cualquier evento puede convertirse en un reto si los accesos no son lo bastante buenos, o el desplazamiento se realiza en horarios punta. Una solución puede ser levantarse más temprano, pero a la larga este hábito tiende a convertirse en una fuente más de estrés que puede afectar tu salud y estado de ánimo.

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Factores climáticos adversos

El tiempo atmosférico puede ser otro factor negativo a tener en cuenta cuando se habita en zonas de campiña. Fenómenos como las lluvias torrenciales, los tornados o las nevadas tienen una mayor incidencia en las zonas rurales. En muchos casos las infraestructuras no son lo bastante sólidas como para contener sus efectos y se producen grandes estragos. Las inundaciones y los destrozos por huracanes son algunas de las peores consecuencias. En zonas de riesgo es fundamental adquirir viviendas que garanticen la resistencia ante este tipo de fenómenos.