¿Cómo debe lavarse un purificador sacramental?

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De acuerdo con los preceptos del Código de Derecho Canónico, durante la celebración de la misa católica deben utilizarse varios tipos de telas de lino. El purificador es un paño de cerca de un pie cuadrado (900 centímetros cuadrados) que cubre el cáliz de la Eucaristía y se usa después de la Santa Comunión para limpiar la "preciosa sangre" que queda. Debido a la reverencia que se ofrece ante la presencia divina de la Eucaristía, el purificador debe ser lavado cuidadosamente.

Passo 1

Remoja el purificador en agua fría inmediatamente después de su uso. Si hay manchas visibles de vino consagrado en la tela, entonces debes aplicar un tratamiento con sal, vinagre o detergente para liberar la mancha. Si es posible, el agua de remojo debe ser vertida en el suelo cercano a la iglesia en reverencia a la Presencia Divina.

Passo 2

Lava el purificador de agua caliente con detergente. El lavado a máquina es aceptable, pero se recomienda lavarlo a mano porque los paños sacramentales generalmente son de lino fino. No apliques blanqueador, ya que esto decolorará y desgastará el tejido.

Passo 3

Enjuaga el purificador a fondo hasta eliminar todo rastro de detergente. Cuelga el purificador al aire libre o presiónalo con una toalla de lino limpia para eliminar el exceso de agua. Mientras que está todavía húmedo, colócalo boca abajo y plánchalo con un poco de almidón para que el bordado tome forma y se eleve de nuevo. Plancha en línea recta -no haciendo espirales- para evitar la deformación del tejido.

Passo 4

Dobla el purificador ya planchado en tercios: a la mitad y luego a lo largo y a lo ancho. El purificador ya planchado y doblado debe ser un cuadrado perfecto de unas 4 pulgadas (10 centímetros) de lado con la cruz bordada en el centro. No planches el purificador ya doblado, ya que esto generará arrugas severas.

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