Por qué nos gusta lo que nos gusta

Escrito por melissa hunter | Traducido por enrique pereira vivas
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Por qué nos gusta lo que nos gusta
El icono de la moda Sarah Jessica Parker como Carrie Bradshaw en "Sex and the City". (Getty Images/Getty Images Entertainment/Getty Images)

La historia de la celebridad se suma a la atracción. Cuando tienes una historia detrás de alguien, todo se hace más palpable, más emocionante.

— Erin Stanford, psicoterapeuta residenciado en Beverly Hills

En la década de 1980, Madonna transformó los encajes y las perlas de la vestimenta de una mojigata ama de casa en los accesorios de una persona rebelde que no deben faltar. En la década de 1990, el corte de pelo en capas de peluche de Jennifer Aniston en "Friends" fue tan popular que se le dio el apodo de "The Rachel" (como el nombre de su personaje en esa serie). En la década siguiente, Sarah Jessica Parker, Carrie Bradshaw hicieron que Manolo Blahnik fuera un nombre familiar. Y gracias a Kate Middleton, ahora las novias tomarán con mucha consideración los vestidos de manga larga. Las celebridades tienen influencia en lo que nos gusta y lo que queremos, eso es innegable. Pero ahí está esa molesta pregunta: ¿Por qué nos importa? "Queremos imaginar lo que sería tener todas esas cosas maravillosas y escapar de la monotonía de nuestras propias vidas. Los observamos y tratamos de conectarnos con ellos para fantasear y escapar", dice Erin Stanford, psicoterapeuta con residencia en Beverly Hills. De este modo, si bien una chica puede que no sea capaz de pagar el estilista de Aniston o tener la colección de zapatos de Bradshaw, la imitación -aunque sea un presupuesto emulado- suele ser la mejor manera de conectarse con estas entidades que de otra manera serían intocables.

El ojo del espectador

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Las características de Angelina Jolie encarnan los rasgos universales de la belleza. (Jason Merritt/Getty Images Entertainment/Getty Images)

La belleza es una noción compleja y subjetiva y, sin embargo, las celebridades tienen este rasgo con creces. Obviamente, es difícil llegar a la fama sin poseer características atractivas, pero con frecuencia se trata de un concepto del huevo y la gallina: se convierten en celebridades por ser bellos, pero también influyen en relación a lo que consideramos bello por el hecho de que son celebridades.

Sin embargo, hay ciertas cualidades que tienen una correlación directa con la belleza. La simetría de los rasgos faciales es un corolario de la belleza aceptada. El cirujano plástico Luis Apostolakis de Austin, Texas, indica que la mayoría de las personas intrínsecamente piensan que la simetría facial es atractiva.

Unos ojos separados y grandes, unos labios carnosos y un cabello grueso, son elementos universales de la belleza, dice Stanford.

Aunque la mayoría de las estrellas no poseen todos y cada uno de estos rasgos -excepto, quizás, Angelina Jolie- la máquina de las estrellas destaca y le da glamour a la apariencia de una estrella, haciendo de ella un ideal de belleza. "Las [celebridades] cuentan con equipos de personas que trabajan con ellos para que se vean de esa manera en los actos públicos o en las sesiones de fotos en las revistas. Así que es natural que terminen convirtiéndose en una especie de ideal físico", dice Abby Gardner, director del sitio de "Marie Claire".

Sin embargo, aunque la buena apariencia de una celebridad requiere un equipo de empleados, el producto terminado se hace ver con un aspecto natural y sin esfuerzo. La popularidad de Sarah Jessica Parker, Beyoncé, Natalie Portman y Christina Hendricks, que representan un rechazo al concepto de belleza del retoque, lo deslavado, los moldes, indican que la mujer promedio rechaza la belleza fabricada y admira la belleza que se deriva del estilo personal y de una propiedad de carácter distintivo.

Influencia de la estrella, o el complejo de Kate Middleton

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Kate Middleton, puso en marcha una tendencia con su vestido de novia de Sarah Burton para Alexander McQueen. (Dan Kitwood/Getty Images Entertainment/Getty Images)

La narrativa personal -tanto en la historia actual y como hacia atrás- de una celebridad hace una poderosa impresión en el público. Es algo así como una hoja de ruta, una forma de alcanzar esa vida.

"Nos gusta ver cómo las personas de éxito marcan la búsqueda de la inspiración. Pensamos: 'Esta persona es verdaderamente exitosa, ¿qué se ve en ella? Yo quiero eso'", dice Stanford. "Es una fuente de motivación. Si queremos vernos como una celebridad y vemos fotos de ella que va al gimnasio todos los días, bueno, entonces sabemos que tenemos que empezar a ir al gimnasio".

En 2011, Kate Middleton, podría decirse que se convirtió en la mayor tendencia en el mundo. Su vestido de novia de Alexander McQueen, con mangas de encaje blanco, puso a los diseñadores de vestidos de novia hechos un manojo de nervios tratando de replicar ese vestido. Pero no se detuvo allí. "Todo lo que viste se vende en las tiendas casi de inmediato", dice Gardner, y señaló que cuando Kate, la duquesa de Cambridge, lleva un vestido de Zara, se agota en pocas horas luego de su aparición.

Esto no es sólo porque ella sea una duquesa, bueno, no del todo, de todos modos. En parte es porque estamos tan familiarizados con ella y amamos su narrativa. El ascenso de Kate Middleton desde que era una adolescente con un noviazgo muy famoso con alguien de la realeza británica es lo que sus admiradores han visto desde el principio. Este relato les permite a los fanáticos de Kate conectarse con ella y, por lo tanto, hacen que su gusto y estilo parezcan más asequibles.

"La historia de la celebridad se suma a la atracción. Cuando tienes una historia detrás de alguien, todo se hace más palpable, más emocionante ", dice Stanford.

Esta idea de una narración es la razón clave por la que las marcas de moda de alta gama utilizan a celebridades en lugar de modelos para las campañas publicitarias. Hace unos años, Karl Lagerfeld tomó a Blake Lively, estrella de "Gossip Girl", para ser la cara de Chanel. Lagerfeld la llamó como "un tipo de chica del sueño americano". Y si bien Blake podía desdoblarse para ser una supermodelo, existía una diferencia clave. La conocemos como Serena van der Woodsen, gracias a CW. Sabemos con quién sale y lo que lleva puesto para almorzar gracias a "US Weekly". Y porque sabemos todo esto acerca de ella, se disminuye la distancia que la mujer promedio tiene de una supermodelo. El ideal de belleza ya no es una foto retocada en una página, sino más bien una persona de tres dimensiones que se puede emular.

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