Cómo motivar a un adolescente apático

Escrito por peter evans | Traducido por mila guevarian
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Cómo motivar a un adolescente apático
Los períodos prolongados de apatía son comunes entre los adolescentes. (Jupiterimages/Goodshoot/Getty Images)

Durante la adolescencia, algunos jóvenes pasan por una fase de rebeldía y actitud desafiante, mientras que otros parecen quedar sumidos en una apatía y un hastío persistentes. El psicoanalista Peter Blos afirma que ambas actitudes representan diferentes formas de una misma lucha, la que supone renunciar a una niñez dependiente en favor de la búsqueda de una identidad emergente como joven adulto. Lo que adopta la forma de apatía podría ser una forma de duelo provocado por la pérdida de las comodidades y de la simplicidad de la niñez. Pero también es posible que aparezca un estado que el psicoanalista Donald Winnicott describe como un período de inutilidad aislada mientras el joven evalúa la transición que debe afrontar. La cordialidad, la paciencia y el buen humor pueden ser de mucha ayuda para conseguir que el adolescente salga de su estado de apatía.

Nivel de dificultad:
Moderado

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Instrucciones

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    Evita meterle prisa. Es posible que esto te suene extraño, ya que un adolescente que no puede hacer frente al hecho de ir a la escuela o a la universidad pierde una parte importante de su formación cada uno de los días en que no puede levantarse de la cama. Sin embargo, insistir y empujarlo a hacerlo suelen crear una resistencia aún mayor. La apatía puede ir unida a una actitud desafiante, aunque ésta sea expresada de forma pasiva.

    Si te muestras paciente e intentas llevarte bien con el adolescente apático, obtendrás mejores resultados que con una confrontación imprudente. Según Winnicott, un período de lo que él califica como “capa caída”, en el que el joven de alguna forma se regodee en su desgracia, es parte necesaria del desarrollo del adolescente y debería contar con la tolerante paciencia de los adultos. Cualquier intento de forzar el cambio podría dar como resultado la aparición de una apatía resistente, un estado mucho más difícil de cambiar que una simple desgana adolescente.

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    Debes aceptar esos períodos de abatimiento del adolescente. Esto no quiere decir que tengas que dejarlo de lado o darte por vencido. Significa que debes reconocer que hay algunos procesos del desarrollo que quedan fuera del alcance de la corrección del adulto, pero que seguir cuidando del joven sigue siendo algo esencial. La pubertad y la adolescencia nunca son lo mismo. Para algunos niños, la aparición de los caracteres sexuales secundarios y la desaparición del cuerpo infantil suponen un cambio inquietante para el que no se encuentran emocionalmente preparados, afirma Winnicott.

    La adolescencia es más un proceso social que biológico, una fase valiosa que brinda a los púberes un período de adaptación a los cambios que se producen en sus cuerpos y en sus capacidades. Meterles prisa en una fase tan crítica les privará de la oportunidad de encontrar su propio camino hacia la edad adulta.

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    Procura que la diversión no se acabe. Hagan juegos en familia, tómense unas vacaciones divertidas, disfruten de conversaciones alrededor de la mesa, pero sobre todo, haz lo posible para crear un ambiente de cordialidad. Es posible que el adolescente se excluya de tales actividades, pero las observará atentamente y puede incluso que se decida a unirse a ellas de vez en cuando. No hagas nunca ningún comentario sobre esto; simplemente acéptalo con cordialidad.

    Los adolescentes no saben detener la infancia y comenzar la edad adulta de la noche a la mañana. Winnicott asegura que los niños suelen experimentar cambios drásticos entre estados de gran inmadurez y otros absurdamente independientes. Pero aunque desprecien el mundo adulto y lo califiquen de "viejo", "aburrido" y "corrupto", seguirán muy de cerca lo que esté pasando.

    Un ambiente familiar divertido, cálido y lleno de cariño ayudará al adolescente a adaptarse a su madurez de una forma mucho más efectiva que otro que sea hipercrítico, punitivo y donde la intranquilidad sea excesiva.

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    Debes aceptar el rechazo temporal. Un adolescente apático con frecuencia sostiene una lucha interna para descubrir en quién desea convertirse de adulto y los padres suelen tener “mala prensa” en la mente del joven durante esta evaluación. Así que "aguántate" y acéptalo. El amor de los padres debe sobrevivir a ese rechazo del adolescente que, por lo general, acaba convirtiéndose en aprecio y gratitud por parte del joven.

    Los seguidores de la psicoanalista Melanie Klein, como John Steiner, argumentan que la disposición del psicoanalista para soportar ser considerado el "malo" durante el tratamiento analítico sin tomar represalias ni mostrar una sumisión masoquista, con el tiempo hace que sea visto por el paciente como una persona buena y sabia. Exactamente lo mismo puede aplicarse a los padres, así que no reacciones de forma punitiva o con impaciencia ante la apatía de tu hijo. Ten en cuenta que la falta de paciencia de los adultos hace que los adolescentes se vean abocados a sentimientos más profundos de inutilidad.

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    Mantén una actitud optimista. Esto conlleva la voluntad de incluir al adolescente en cualquier actividad o evento, aunque se niegue a participar y parezca desalentado. Como apunta Winnicott, la adolescencia se cura con el paso del tiempo.

    Pero lo que ocurre mientras ese tiempo pasa es crucial. Una preocupación paciente y cariñosa por parte de los padres será mucho más eficaz a largo plazo que la coerción ansiosa e impaciente. A los adolescentes les suele atraer la diversión y las risas, incluso aunque vistan ropa oscura y se pongan melancólicos en su habitación.

    Mantén vivos tu amor y buen humor frente a la apatía del adolescente y verás cómo el impulso del interés y la motivación comienza a crecer de nuevo.

Consejos y advertencias

  • No intentes nunca ser demasiado comprensivo con un adolescente. Para estos jóvenes, esto suele indicar que los adultos posiblemente no sean capaces de comprenderlos. Simplemente, interésate por él, presta atención a la evolución de sus estados de ánimo y asegúrale de que lo que le ocurre no va a durar para siempre, que solamente es una parte tediosa, pero necesaria también, de su desarrollo.
  • Si un adolescente apático recurre a la autolesión, por ejemplo, haciéndose cortes o con una sobredosis, busca inmediatamente la ayuda profesional de un psicoterapeuta. A los adolescentes, a veces, la transición a la edad adulta les resulta demasiado desconcertante como para poder enfrentarse a ella e intentan escapar del dolor que les provoca crecer recurriendo a comportamientos peligrosos.

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