La comida en los campos de concentración durante el Holocausto

Escrito por laurie rappeport | Traducido por eva ortiz
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La comida en los campos de concentración durante el Holocausto
Los horrores de los campos de concentración Nazi incluían dejar morir de hambre a los prisioneros. (Comstock/Comstock/Getty Images)

Durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis sistemáticamente dejaron morir de hambre, torturaron y asesinaron a millones de personas en los campos de concentración que establecieron por toda Europa. Los prisioneros trabajaban como mano de obra esclava y recibían raciones inadecuadas. Los profesionales que tratan a los sobrevivientes del Holocausto continúan viendo los efectos de la privación de alimentos incluso en la actualidad. Estos síntomas incluyen problemas psiquiátricos, nerviosismo y pesadillas recurrentes.

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Comida disponible

Durante las comidas de la mañana y la noche, después de pasar lista, los prisioneros recibían una bebida de sustituto de café y un pequeño trozo de pan. El pan normalmente estaba rancio y mohoso. Los prisioneros recibían una sopa aguada de nabo o repollo durante el mediodía. La sopa a veces contenía cáscaras de papa, cebollas, o carne de caballo. Por la noche, los prisioneros también recibían una mínima ración de queso, jamón, salchicha o margarina. La ingesta calórica total de un día en los campos de concentración era de aproximadamente 1700 calorías.

Procuración de comida

La supervivencia de los prisioneros a menudo dependía de su habilidad para conseguir más comida sobornando a algún trabajador de la cocina o a un guardia. Los prisioneros que trabajaban en la cocina, en el hospital o en la administración tenían acceso a más comida.

Búsqueda en la basura

Después de algunas semanas en un campo de concentración, muchos prisioneros comenzaban a buscar comida en los recipientes de basura que se encontraban afuera de las cocinas. A veces encontraban vegetales podridos o cáscaras crudas. Comer estas cosas solía causarles disentería.

Conversaciones sobre comida

Durante la ausencia de comida real, los prisioneros solían hablar sobre ella, compartiendo recetas y recuerdos de cuando preparaban sus platos tradicionales. En "Night", la autobiografía de su vida en Auschwitz, Eli Wiesel describe como, durante una noche en las barracas, ganó un concurso de historias describiendo con mucho detalle una comida tradicional en su hogar, incluyendo los olores y las texturas de los diferentes platos.

Liberación

Después de la liberación de los campos de concentración, los soldados aliados normalmente intentaban darles comida a los prisioneros. Estas acciones causaron la muerte de más personas, ya que sus sistemas, acostumbrados a las porciones minúsculas, no podían digerir la comida. El personal médico de las tropas aliadas tuvo que desarrollar comidas especiales, muy nutritivas pero fáciles de digerir, para los ex prisioneros. Incluso luego de esto, solo en Bergen-Belsen, miles de prisioneros murieron en los días siguientes a su liberación por inanición y enfermedades.

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