La belleza del zen

Escrito por amanda ash | Traducido por mila guevarian
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El zen y el arte de crear evasión en casa

La belleza del zen
(Jupiterimages/Photos.com/Getty Images)

El zen no significa que haya que vivir en un monasterio. Se trata de celebrar cada momento de tu vida.

— Clodagh, diseñadora de interiores

Si buscas un reducto donde impere la serenidad, no es necesario que te encierres en un monasterio budista o que te vayas corriendo a la India a lo "Comer, rezar y amar". Las tensiones de la vida diaria pueden ser suficientes para desencadenar una respuesta de huida en forma de billete de ida al Himalaya. Pero, tal y como afirman algunos expertos, hay una forma más sencilla (y más asequible) de acallar ese zumbido que resuena en tu cerebro: crear tu propio retiro zen en casa.

Clodagh, diseñadora de interiores en Nueva York, dice que el verdadero zen es sinónimo de comodidad. Un retiro zen puede ser una sala de meditación, una sala de estar, una habitación o un jardín. Decidir cuáles son los elementos de estilo zen apropiados va a depender en gran medida de cada persona, de lo que a cada uno le haga sentir a gusto.

"El zen no significa vivir en un monasterio", explica Clodagh. "Es celebrar cada momento de tu vida".

Para Clodagh, el primer paso que hay que dar para construir un entorno tranquilo, que hasta un monje envidiaría, es luchar contra el estancamiento.

"Creo que una de las cosas que más estrés te puede causar es tener demasiados objetos a tu alrededor. No permiten que tu mente se expanda", dice Clodagh y cita a cocinas, baños y armarios como los principales culpables del desorden. "Para crear un espacio zen donde vivir o, lo que es lo mismo, un espacio donde estar en calma, un lugar donde poder crecer, pensar y transformarte, lo primero que tienes que hacer es deshacerte de un montón de cosas. La gente piensa que si están detrás de una puerta no te afectan, pero yo creo que sí lo hacen".

Shelley Beckes, diseñadora de interiores en Los Ángeles, dice que un espacio tranquilo requiere simplicidad. Los colores brillantes pueden ser extremadamente molestos, así que tener las paredes pintadas con colores adecuados para complementar tu nuevo espacio ordenado será como emitir un largo y profundo "om" que te reconfortará hasta lo más profundo.

"Se ha descubierto que los colores más relajantes son los tonos suaves de verde, como el verde salvia, los verdes azulados y algunos tonos de arena y beige; una paleta muy neutra, derivada de los colores básicos de la tierra", dice Shelley. "En los interiores japoneses, se utiliza algún elemento de color negro o marrón madera oscuro, pero ése es el único toque de contraste".

"Puedes pintar las paredes con uno de esos tonos suaves o mantenerlas bastante neutras y dar algo de relieve con un color verde salvia o con tonos naturales", continúa Beckes. "Como decoración puedes emplear cualquier cosa como, por ejemplo, una bonita fotografía en blanco y negro que alguien tomó en algún hermoso lugar que bien podría ser el recuerdo de un viaje. Hazla ampliar y cuélgala. Creo que es importante percibir esa sensación de paz y belleza en el ambiente".

Cuando se trata de conferir toques divinos y espirituales a una habitación, Werner Brandmaier, del Instituto de feng-shui y geopatología de Portland, en Maine, prefiere rodearse de elementos naturales, como suelos de madera, fuentes que dejan fluir el agua, vegetación exuberante e iluminación suave.

"Estaría bien que tuvieras plantas a tu alrededor. A mí, por ejemplo, me gusta el bambú, un elemento de madera de rápido crecimiento", dice Brandmaier. "Yo recomendaría evitar los cactus y las palmeras, por sus pinchos y extremos puntiagudos. También te vendría bien tener elementos de agua a tu alrededor como, por ejemplo, una fuente o un acuario; eso sí, asegúrate de que estén limpios. Si el acuario está sucio, si no controlas el pH y aparecen algas, el “chi” no mejorará".

"En una casa, necesitas una luz que resplandezca, pero que no deslumbre", añade Clodagh. "Una de las cosas que considero más importante es tener luz donde se necesite. Tengo un enorme panel de iluminación que brilla detrás de un Buda. Perlo también tengo un pequeño halógeno italiano. Y me gusta iluminar utilizando las sombras".

Si bien los elementos visuales constituyen los ladrillos y la argamasa de un retiro zen, los olores relajantes y los sonidos melodiosos pueden ser como una enorme manta de felpa que lo envuelva. Beckes es una entusiasta de las velas perfumadas de pepino y lavanda, que son relajantes y no demasiado penetrantes. Clodagh apuesta firmemente por los aromas de cedro, que estimulan la creatividad.

En cuanto a los sonidos, Clodagh siempre adapta la música a su estado de ánimo.

"Para inspirar calma no hay que estar oyendo necesariamente sonidos repetitivos", explica. "No hay por qué tener flotando a tu alrededor flautas indias sonando en algún remoto lugar desde lo alto de una montaña".

"Podría ser un ritmo de reggae. Yo pondría algo de rap o de Mozart. El zen es comprender que cualquier música está bien. Si tengo un día tenso, lo último que deseo es sentarme en el sofá y escuchar a Mozart. Lo que me apetece es oír un ritmo caliente o algo de flamenco y cocinar una buena comida sintiendo la energía flotando en el ambiente.

En realidad, la búsqueda del zen significa estimular tus sentidos y, para conseguirlo, la madre Naturaleza te ofrece una buena base. Echa un vistazo a tu jardín o a tu patio y considera la posibilidad de crear un jardín zen. Para ello, no temas volver un poco a tu juventud, recoger las piedras que vayas encontrando durante alguna excursión y utilizarlas para dibujar un arroyo seco serpenteando por todo tu jardín o para salpicar con ellas el paisaje. “La clave está en la simplicidad”, apunta Beckes.

"Principalmente, se trata de esculpir el suelo y buscar piedras autóctonas”, dice Beckes. "A mí me gusta llevarme lo que es de la zona, porque así me siento más integrada".

También puedes incorporar el agua a tu espacio; según Beckes, no tienes por qué tener cerca un arroyo para conseguirlo. Para crear un sonido ambiental, puede valer el fluir de una pequeña fuente de agua. Tal vez los más audaces se atrevan a construir unos pequeños estanques donde las tranquilas aguas emanen serenidad. Sitúa tu lugar de meditación cerca, utilizando algo que ya tengas o que puedas encontrar con facilidad (quizás una piedra grande o un tronco de árbol). Beckes también advierte que “hay que utilizar las plantas con moderación, porque, una vez más, se trata de que todo sea sencillo".

"Cuando piensas en la sensibilidad japonesa o zen", continúa, "tanto si es en el interior como al aire libre, muchas veces con una simple flor basta; no hay que sobrecargar el espacio".

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