Efectos de vivir cerca de cables y torres de corriente

Escrito por jacquelyn jeanty | Traducido por natalia navarro
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Efectos de vivir cerca de cables y torres de corriente
Efectos de vivir cerca de cables y torres de corriente. (power tower image by michael langley from Fotolia.com)

Los posibles efectos para la salud de vivir cerca de cables y torres de corriente han sido un tema de investigación durante los últimos 30 años. Numerosos estudios han vigilado si la gente que vive cerca de fuentes energéticas tiene riesgo de desarrollar cualquier número de desórdenes físicos y psicológicos. Hasta la fecha, las agencias regulatorias del gobierno continúan investigando estas afirmaciones.

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Identificación

Mucha de la preocupación sobre los posibles efectos de vivir cerca de cables y torres de corriente tiene que ver con la radiación electromagnética (EMF, siglas en inglés) que viene de estas estructuras. Ya que los cables y las torres de corriente se diseñan para conducir la electricidad a lo largo de grandes distancias, las propiedades electromagnéticas de la electricidad y de los imanes usados en su conducción pueden suponer ciertos efectos para la salud. Todavía, la Agencia de Protección Medioambiental de Estados Unidos sigue investigando si hay presente un riesgo para la salud a pesar de los informes y estudios que se realizan.

Leucemia infantil

Uno de los primeros estudios hechos para investigar los efectos de los cables de corriente se realizó en 1979 por N. Wertheimer and E. Leeper. El estudio se titulaba “Electrical Wiring Configurations and Childhood Cancer”. Los investigadores examinaron si había correlación entre la incidencia de la leucemia en niños y los cables y torres de corriente cercanos. Una zona residencial en Denver, Colorado, fue la localización del estudio. Wertheimer y Leeper compararon los efectos del EMF en ocupantes residenciales que vivían a varias distancias de los cables de corriente cercanos. Los resultados mostraron una mayor incidencia de leucemia infantil en niños que vivían más cerca de las fuentes de energía, sin embargo todavía se tiene que establecer cualquier evidencia de conexión directa entre el EMF y la leucemia infantil. Los resultados de este estudio aparecieron en el Journal of Epidemiology de marzo de 1979.

Cáncer

Otro estudio de investigación titulado “Residential Exposure to Electric Power Transmission Lines and Risk of Lymphoproliferative and Myeloproliferative Disorders: a Case-Control Study” fue realizado en Hobart, Australia por R. M Lowenthal. Los investigadores buscaron correlaciones entre la incidencia de cáncer en aquellos expuestos a cables de corriente de alto voltaje. Los resultados del estudio descubrieron que el riesgo de desarrollar cáncer se incrementaba en un 106% en sujetos que vivía a 50 metros de una fuente de energía, en comparación a individuos que vivían a 300 metros de ella. Los investigadores concluyeron que los resultados confirmaban que existía una probable correlación entre el cáncer y la exposición a cables de corriente. Los resultados del estudio aparecían en el número de septiembre de 2007 del Internal Medicine Journal.

Depresión clínica

Una investigación de los efectos psicológicos de vivir cerca de cables y torres de corriente fue realizado por el Pacific Northwest Laboratory en Richland, Washington, en 1988. El estudio se hizo para determinar si los campos magnéticos de frecuencia extremadamente baja (EMF) contribuían al número de suicidios relacionados con depresión en sujetos que vivían cerca de fuentes energéticas. Se descubrió que el EMF interrumpia los ciclos de ritmo circadiano y que alteraba los niveles de neurotransmisores de serotonina y melatonina en los sujetos estudiados. La serotonina y la melatonina tienen un papel en la regulación de las emociones en el cerebro. Los investigadores concluyeron que el EMF puede contribuir a que se activen los síntomas de depresión en alguna gente.

Agencia de protección medioambiental

En marzo de 1990, la Agencia de Protección Medioambiental de los Estados Unidos (EPA, siglas en inglés) clasificó la radiación electromagnética como carcinógeno de Clase B. Otros de esta clase incluyen las dioxinas, el formaldehído y el DDT. Después de informes posteriores, se revisó esta declaración en base a que no se pudieron encontrar conexiones directas entre el EMF y los riesgos para la salud, aunque se dijo que era posible una conexión causal. Como los cables y torres de corriente son puestos por grandes corporaciones, hay mucha controversia en lo que respecta a las políticas tras las decisiones de la EPA.

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