Sobre Robespierre y los Jacobinos

Escrito por edwin thomas | Traducido por florencia kushidonchi
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Maximilien Robespierre fue un ícono importante del Club de los Jacobinos y de la Revolución Francesa, y al final, se convirtió en la figura central por un corto período. Él estaba entre los líderes del ala radical de los Jacobinos, y gracias a la combinación de inflexibilidad, paranoia, fanatismo e incorruptibilidad, su carrera ganó el nombre de "El reinado del terror". Como la Revolución Francesa es uno de los eventos destacados de la historia de la política Occidental, y el Terror lo es de la Revolución, Robespierre y los Jacobinos son centrales en nuestro extenso legado político.

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Identificación

Los Jacobinos eran miembros del Club de los Jacobinos, la facción política más grande y poderosa de la Revolución Francesa. Con el tiempo se convirtió en sinónimo a nivel mundial del radicalismo de izquierda. Eran fruto del Benthorn Club, fundado por delegados de Bretaña en la junta de Estados Generales de 1789. Rápidamente, de ser un grupo Breton exclusivo pasó a ser una organización nacional. Antes de su final, alcanzó una cantidad de 420.000 socios, incluyendo hasta el monarca indio anti-británico Tipu Sultan. Los Jacobinos eran revolucionarios radicales, que luchaban por el sufragio universal, la separación entre la Iglesia y el Estado y la abolición de la monarquía.

Características

Los Montagnards, o "Hombres de montaña", eran una facción dentro de los Jacobinos. Eran apodados de esa forma porque se sentaban en grupo en los asientos más altos durante las reuniones de la Asamblea General. Los Montagnards probablemente hayan sido la facción más inflexible y radical dentro de los rangos de los Jacobinos, y entre ellos, estaba Maximilien Robespierre.

Historia

Antes de la Revolución, Maximilien Robespierre era un reconocido abogado de Arras. Fue electo en la Asamblea General Constituyente y luego en la Asamblea General. En los comienzos de la Revolución, tomó las calles como un demagogo, y con el tiempo, se posicionó como la figura líder de un pequeño grupo de delegados de la extrema izquierda, aún antes de que el Club de los Jacobinos se convirtiera en un organismo nacional más amplio. Durante este período, los éxitos objetivos de Robespierre se limitaron a salir del anonimato y a aprobar una ley que impidiera a los miembros de la Asamblea Constituyente encargados de la redacción de la Constitución ser elegidos de forma inmediata y por lo tanto, tener éxito en la Asamblea General. Este hecho, sumado a su modesta forma de vida, le dieron a Robespierre la imagen de patriota incorruptible. En febrero de 1792, Robespierre y su compañero, el futuro Montagnard Marat se pronunciaron en contra de la declaración de guerra a Austria. Estaban más preocupados por los contrarrevolucionarios locales que por la posibilidad de una reacción impuesta desde el extranjero. Este fue el comienzo formal de la rivalidad entre los Montagnards radicales y la facción Girondina cada vez más conservadora, pero es importante recordar que ambos eran, en su mayor parte, miembros del amplio Club de los Jacobinos. Como la situación en Francia se enardecía cada vez más, París se fue radicalizando y la popularidad de la extrema derecha aumentó. Cuando se estableció el nuevo gobierno bajo la Convención Nacional, Robespierre fue elegido como miembro. Fue en las gradas de la Convención en donde se consolidó la facción extremista de los “Hombres de Montaña”. Las difamaciones públicas caracterizaron rápidamente la relación ente los Girondinos y los Montagnards en las reuniones de la Convención, con la repetida acusación a Robespierre de planear una dictadura. Para diciembre de 1792, los asuntos relacionados con el rey Luis XVI eclipsaron al resto de las contiendas políticas, y Robespierre era uno de los que más levantaban su voz a favor de la ejecución del Rey. La ejecución y los problemas constantes favorecieron ampliamente a los Montagnards, liderados por Robespierre, Marat y Danton, quienes pronto pudieron flanquear a los Girondinos por la izquierda. Rápidamente habían provocado un levantamiento popular contra los Girondinos en París, lo cual conllevó la intimidación del gobierno y el arresto de más de 30 líderes Girondinos destacados, incluyendo a su miembro más importante, Jean Pierre Brissot. Muchos de los Girondinos, arrestados o en libertad, se escaparon de París, donde intentaron producir un levantamiento propio en la Francia rural. La combinación de disturbios por la situación en cuanto los alimentos, la sospecha de traición, la paranoia y la posibilidad de una Guerra civil llevaron a los Montagnards a crear un Comité de Salvación Pública en abril de 1793. Robepierre fue proclamado miembro del Comité, y pronto se convirtió en su miembro dominante y, por defecto, en el dictador de Francia. Como miembro líder del Comité y uno de los oradores más populares de París, Robespierre fue también una figura importante del Reinado del Terror. Siempre preocupado por amenazas a la Revolución, reales o imaginarias, dentro de Francia, Robespierre hizo uso de su poder y su retórica para acorralar y ejecutar no sólo a los traidores y monarquistas reales, sino también a moderados y antiguos que disentían con sus políticas. Durante el invierno y la primavera de 1793 y 1794, Robespierre dirigió el arresto y la ejecución de Jacques Hebert, del antiguo aliado Georges Danton y de sus seguidores. Muchos de estos hombres también eran Jacobinos. Sin embargo, Robespierre se había excedido gravemente. Su crueldad, su sed de sangre y su paranoia generaron temor por sus vidas a los miembros de la Convención Nacional, por lo que ordenaron su arresto y el de sus seguidores más cercanos en julio de 1794. Sin embargo, Robespierre continuaba siendo popular en las calles de París y la Comuna se movilizó en su apoyo. El resultado fue una confrontación entre las tropas de la Comuna y el ejército nacional. Arrinconadas en el Hotel de Ville, las tropas de la Comuna abandonaron rápidamente a Robespierre, el ejército irrumpió en el edificio y muchos de sus seguidores fueron ejecutados, heridos o se suicidaron. Robespierre mismo recibió un disparo en la mandíbula y fue enviado a la guillotina sin juicio previo al día siguiente.

Trascendencia

Maximilien Robespierre es una de las figuras centrales de la Revolución Francesa. Su combinación de intelecto, integridad personal, fanatismo, inflexibilidad y paranoia condujeron al éxito a la izquierda radical. Mientras que es posible que los extremistas, representados por los Montagnards, hubieran podido vencer a los Girondinos sin él, es muy poco probable que el Terror hubiera adquirido el carácter severo y sanguinario que alcanzó de no haber tenido a Robespierre al frente. De hecho, del mismo modo en que los Jacobinos se han convertido en sinónimo de los revolucionarios de la izquierda radical, Robespierre se ha convertido en sinónimo de volver una revolución contra sí misma con el ejercicio de la paranoia y del asesinato judicial.

Análisis experto

A largo plazo, Robespierre y sus políticas fueron decisivas en el destino final de la Revolución. La caída del país en una guerra civil constante, en violencia colectiva, en el uso de la guillotina como un instrumento político y la guerra en el extranjero, condujeron a una sucesión de gobiernos centrales débiles y, en última instancia, al surgimiento de Napoleón Bonaparte. Robespierre alentó o inventó la mayoría de estas consideraciones, oponiéndose sólo a las guerras en el extranjero. Mientras que Bonaparte mantuvo algunos logros y aspectos de la Revolución, abolió otros. Bonaparte mismo fue destituido en 1815 y reemplazado por la restauración de la monarquía de los Borbones, que lideró una Francia reaccionaria hasta 1848. Al organizar un golpe a los Girondinos y luego destruir a sus propios aliados dentro de los Montagnards, probablemente Robespierre condenó los ideales jacobinos y revolucionarios que pretendía proteger.

Consideraciones

Dada su posición como uno de los líderes radicales de la Revolución y su papel central en el devenir final de la Revolución Francesa en el Reinado del Terror, Robespierre continúa siendo una figura controvertida en la actualidad. Los izquierdistas de todas las líneas parecen ser incapaces de condenarlo por completo, incluso cuando reprueban sus excesos ( y no todos sus apologistas lo hacen). Los apologistas consideran que estuvo presionado a ejercer una crueldad sanguinaria por las condiciones difíciles de la época, o que era inexperto y estaba mal informado, y se centran en su austeridad y rectitud personal.

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