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Cómo manejar el comportamiento agresivo

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Ya sea verbal, no verbal o física, la conducta agresiva es un comportamiento que pretende herir a alguien o facilitar su alcance con el agresor. Los niños a menudo muestran un comportamiento agresivo en sus intentos por llamar la atención, para la autogratificación, o por una sensación de poder y control. Los comportamientos agresivos también pueden utilizarse como un escape de una situación desagradable. El manejo de los comportamientos agresivos en los niños puede ser difícil, pero es necesario mantener a los otros niños, a los adultos y al agresor emocional y físicamente seguros.

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Aprende a manejar una conducta agresiva

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Reconoce los signos y las consecuencias de un comportamiento agresivo. Adopta un enfoque positivo para el manejo de la agresión del niño en vez de hacerle sentir que "se está portando mal". Ponte atento y listo para manejar el comportamiento de tu hijo, en lugar de ignorarlo o negarlo.

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Investiga los factores que causan que tu hijo exhiba conductas agresivas. Documenta la información sobre el comportamiento agresivo, incluyendo dónde, a qué hora y qué pasó antes y durante dicha conducta. Busca patrones en los eventos que ocurren antes de que el niño tenga arrebatos o colapsos. Identifica posibles desencadenantes del comportamiento agresivo y trata de hacer cambios en las rutinas diarias, los procedimientos o los horarios.

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Enseña a tu hijo el auto control. Ayúdale a reconocer los sentimientos que tiene antes y durante el comportamiento agresivo. Proporciónale algunos comportamientos alternativos para cuando se sienta enojado o frustrado, como técnicas de respiración, verbalización o salirse de la situación. Anima a tu niño a pensar en sus acciones antes de actuar irracionalmente.

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Desarrolla un plan para prevenir y manejar los comportamientos agresivos en diferentes contextos. Discute las conductas indeseables y ciertas situaciones con tu hijo y detallen el curso preferido de los acontecimientos. Evita el castigo físico ya que sólo refuerzas las conductas agresivas.

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Establece límites firmes para tu hijo y refuérzalos consistentemente. Asegúrate de que sabe qué comportamiento es bueno y qué comportamiento no lo es. Notifica a todos los que se preocupan por tu hijo, incluyendo a los profesores, de los límites que has establecido para tu niño. Notifica a las nanas sobre tu postura ante los comportamientos agresivos.

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Controla tu propia ira al manejar los comportamientos agresivos de tu hijo. Usa palabras sencillas y habla con voz firme y directa en lugar de gritar o enojarte. Toma unas cuantas respiraciones profundas antes de afrontar la situación, si es necesario.

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Refuerza de una forma positiva un comportamiento apropiado, no agresivo. Deja que tu hijo sepa que estás orgulloso de cómo manejó la situación de una manera no agresiva. Muéstrale cómo el controlar su comportamiento beneficia a todos los involucrados, incluyendo a sí mismo.

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Sé un modelo consistente de los comportamientos apropiados. Admite que la ira y la frustración son sentimientos válidos que incluso los adultos tienen. Expresa verbalmente tus propios sentimientos de enojo o frustración si alguna situación ocurre cuando estás con tu hijo y explícale cómo trabajar a través de ellos sin ser agresivo.

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