Cómo hacer harina de castañas

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El sabor ligeramente dulce y la esencia aromática y ahumada que posee la harina de castañas otorgan un carácter único a un sinfín de alimentos dulces y salados. Por ejemplo, sustituir la harina que se espolvorea en un braseado de ternera por harina de castañas constituirá un acicate añadido a su delicado sabor; reemplazar la harina de uso general por la misma cantidad de harina de castañas, beneficiará a la densidad que requieren los panes rápidos (fermentados sin levadura), como los muffins. La harina que se elabora con frutos secos no es realmente harina y contiene únicamente proteínas y grasas, por lo que no se eleva al hornear y debe ser utilizada con moderación. Recuerda que nunca se debe sustituir más de un 1/4 de la cantidad total de harina de uso general empleada en una receta de productos de repostería o de pan por harina de castañas.

Passo 1

Calienta el horno a 400 °F (205 °C).

Passo 2

Corta las castañas por la mitad, colócalas en una bandeja para hornear y sitúa ésta en el horno a una altura media.

Passo 3

Asa las castañas durante 40 minutos o hasta que las cáscaras puedan despegarse con facilidad. Retira tanto las cáscaras como la piel o película fina que cubre las castañas y deséchalas. A continuación, dispón los frutos formando una capa uniforme sobre una bandeja.

Passo 4

Pon las castañas en el congelador durante 45 minutos y luego sácalas.

Passo 5

Muele las castañas ya peladas y congeladas en un molinillo de especias o de café. Introduce 1/2 taza de castañas en el molinillo cada vez y muélelas hasta que adquieran una consistencia harinosa (durante 15 segundos aproximadamente).

Passo 6

Guarda la harina de castañas en un recipiente hermético apto para alimentos. Podrás conservarla en el congelador hasta tres meses.

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